Espartos Santos, un éxito industrial en crin vegetal

Pascual Santos López

Uno de aquellos valientes que formaron pequeñas empresas en tiempos de crisis, llamadas boliches, fue José Santos Fernández. Nació el 7 de marzo de 1921 en Cieza y como muchos niños ciezanos que aprendieron los diferentes oficios de la industria del esparto comenzaría a trabajar como menaor. Hombre inquieto y trabajador pronto dominaría las técnicas del esparto y en la crisis de principios de los cincuenta, por el año de 1952, decidió instalarse por su cuenta con varias ruedas de hilar esparto justo donde ahora está el Lavadero Cieza, frente al Instituto Diego Tortosa.

En 1955 se anunciaba con su nombre en la revista de la Feria y Fiestas de Cieza para producir hilados, cordelería y trenzados de esparto y cáñamo. Al año siguiente lo encontramos trabajando con tres ruedas de hilar esparto. Pero las sucesivas crisis del esparto hicieron que muchas grandes empresas no pudieran dar trabajo a sus hiladores y las pequeñas empresas de hilaturas también lo tenían muy difícil, por lo que había que renovarse y buscar nuevos mercados que dieran salida a la materia prima ciezana.

Precisamente, José Santos buscaba diferenciarse y encontrar la manera de producir de una forma continuada, para ello se asocia con Salvador Sánchez Rodríguez (el Cocina) y el 25 de enero de 1957 solicitaba en la Delegación de Industria de Murcia permiso para instalar una industria de rastrillado mecánico de crin vegetal con una producción aproximada de 25.000 kilos anuales y un valor estimado de 45.000 pesetas. La materia prima consignada en la solicitud fue el palmito. 30.000 kilos anuales de hoja de palmito con un costo de 25.000 pesetas, aunque seguramente después utilizaría el esparto en su mayor parte. En la autorización de Industria del 5 de diciembre de 1957 pone que la materia prima era palmito sólo y exclusivamente, debido a que el esparto estaba intervenido y el Servicio Nacional del Esparto regulaba su comercio, que en ese momento estaba atravesando una profunda crisis.

El mercado al que iba destinada la producción era el abastecimiento de la industria de guarnicionería y tapicería. Recordemos que la crin vegetal se utilizaba, y se sigue utilizando, aunque en menor cantidad, como relleno en sofás, sillas, sillones, canapés, sillas de montar y accesorios. La fibra vegetal provenía básicamente del cáñamo, esparto y palmito, todas ellas de producción nacional. Nosotros conocemos más el esparto, pero en Andalucía existieron muchas fábricas de crin vegetal procedente de las hojas de palmito en los años cuarenta y cincuenta. Además, el palmito es la única palmera autóctona de la Península y se encuentra en las regiones secas de la costa mediterránea, sobre todo en Andalucía, Región de Murcia, Comunidad Valenciana e Islas Baleares.

La industria fue instalada en la Avenida del Caudillo, hoy Camino de Murcia, justo donde se encontraban las casas de Venta Eritaña, que era un Café Bar de Isidoro Peñalver donde también se expendía gasolina y que ahora es donde está la Panadería Repostería Pilar, al lado del recinto ferial. El capital total de la empresa era de 15.000 pesetas y se instalaría un rastrillo mecánico para crin vegetal, accionado por motor eléctrico de 2 CV, con un costo de 10.000 pesetas. El personal necesario para el funcionamiento de la industria era de dos obreros, trabajando los 365 días del año en un turno de 8 horas.

Una nueva crisis del esparto en 1966 hace que se separaran los dos socios y José Santos se instala en un bajo de la calle Fulgencio Serra. Su hijo, Juan Santos Alcolea, se une a su padre después de haber estado trabajando un par de años en talleres de Cieza, donde adquiere conocimientos de maquinaria. Por aquellos años, el tirón de la construcción demandaba crin vegetal para escayolas lo que favoreció que Juan Santos pudiera adquirir su primera nave de 600 metros cuadrados en el Camino de la Fuente y allí se trasladaron padre e hijo con su negocio en 1968.

El fuego siempre fue el enemigo principal de las empresas que trabajaban las fibras del esparto por lo que en marzo de 1978 encontramos a Juan Santos Alcolea, junto a otros empresarios ciezanos, participando en el “I Curso de Extinción de Incendios en la Industria del Esparto”, que fue organizado por el Gabinete Técnico Provincial de Higiene y Seguridad de Trabajo y trató sobre las materias de extinción de incendios, primeros auxilios y electricidad; además de incluir una demostración práctica a cargo de la empresa de extintores Areo-Feu y el Parque de Bomberos de Cieza. En el curso participaron 40 personas de diferentes empresas locales, además de Juan Santos Alcolea, asistieron: Boyer y Piñera, Arlex Ibérica, Manufacturas Mecánicas de Esparto, Josefa Moreno Argudo, Industrias de Hilaturas Reunidas, Hilaturas Egea y Juan Montiel Ríos, entre otras.

Con esfuerzo y trabajo la empresa fue ampliando y modernizando sus instalaciones y maquinaria. Se incorporan otras fibras, como sisal y yute y nueva maquinaria: cardadoras, rastrillos, laminadora de majar esparto, trenzadoras, etc. Gracias a la mecanización, ampliación y diversificación de mercados la industria compra otros 600 metros cuadrados más, justo antes de que muriera José Santos Fernández el 1 de marzo de 1989. Al año siguiente une más superficie y construye una nave de 3000 metros cuadrados.

El 30 de junio de 1994 Juan Santos solicitaba registrar la marca Espartos Santos, para distinguir fibras de esparto y sisal para escayolas y cordelería. El diseño de la marca era una E y una S entrelazadas, en colores blanco, verde y fondo rojo y la leyenda Espartos Santos. Marca que le concedían el 20 de octubre de 1995.  

A partir del año 2000, ya con la incorporación de los tres hijos de Juan Santos, siguieron ampliando, comprando parte de la industria Boyer y Piñera, la Lechería de Juan y últimamente el Bolo Loko, hasta llegar a unos 15.000 metros cuadrados en total. En la actualidad, Espartos Santos se postula como una empresa moderna con el objetivo de potenciar, actualizar y mantener el uso de las fibras naturales, esparto, sisal y yute, frente a los productos sintéticos. Exporta más del 80% de su producción, sobre todo a empresas dedicadas al sector de la construcción.

Según su página web, Espartos Santos mantiene una política de respeto al medio ambiente con planes de recogida y conservación de plantaciones para asegurar el mantenimiento de los ecosistemas y produce sin la intervención de agentes químicos. Además, fabrica y comercializa una amplia gama de productos, tales como: esparto rastrillado cocido para escayola, sisal blanco rastrillado (pita), yute rastrillado para escayola, fibra de sisal, esparto rastrillado en manadas, esparto agrícola, hilados de esparto, cordelería de sisal, hilados y trenzados de yute, suelas de yute para alpargatas, cordelería de algodón y estropajo. Desde aquí agradecer su colaboración a Juan Santos Alcolea y David Santos Saorín por sus recuerdos y material aportado.

Figura 1: José Santos Fernández. Cortesía de su nieto David Santos Saorín

Figura 2: Anuncio de José Santos Fernández en 1955. Archivo Santos-Caballero

Figura 3: Marca registrada de Espartos Santos. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Figura 4: Laminadora de esparto en la actualidad. Cortesía de David Santos Saorín

Figura 5: Línea de trenzadoras de yute en la actualidad. Cortesía de David Santos Saorín

Este artículo fue publicado en Crónicas de Siyasa el 28 de mayo de 2023, en Cieza en la Red el 26 de mayo de 2023 y en El Mirador el 2 de junio de 2023.

Mujeres ingeniosas. Descubriendo a las inventoras murcianas en Abarán

El miércoles 8 de marzo Manuela Caballero impartió la conferencia Mujeres ingeniosas. Descubriendo a las inventoras murcianas, como parte de los actos conmemorativos del día de la mujer organizados por el Ayuntamiento de Abarán y la Biblioteca José Vargas Gómez. Asistió el alcalde, concejales, responsable de la biblioteca y numerosas personas que hicieron posible un entrañable encuentro. Agradecemos su cálida acogida y disfrutamos mucho con el entrañable público de Abarán en el acogedor rincón violeta que invita a la convivencia. Todo un acierto.

Bernardo H. Brunton, un pionero en la industrialización de la Región de Murcia

El jueves 2 de marzo se celebró la segunda conferencia sobre las empresas y patentes de invención de Bernardo Brunton. Disfrutamos de una velada especial ya que los asistentes, entre los que se encontraban familiares del protagonista y representantes del ayuntamiento de Abaran, fueron muy participativos en el interesante debate que surgió tras la charla. Gracias al Ayuntamiento y la Biblioteca de Abaran por promover la divulgación. Gracias también a Salvador de Radio Abarán que ha grabado las conferencias completas y podéis ver en su página web.

Aquí dejo un resumen de la charla:

Sabemos que Brunton vino a instalar la central eléctrica del Menjú en 1896 con 24 años, pero ¿por qué se quedó aquí?, aparte de que encontrara a su esposa Carmen Trigueros, ¿realmente la Región de Murcia ofrecía oportunidades de negocio para que un joven ingeniero industrial se afincara en nuestra comarca? Responderemos a esta pregunta analizando el contexto de la situación industrial y económica de nuestra región a finales del siglo XIX.

A partir de 1840 se inicia una verdadera “fiebre minera” que realiza un efecto llamada de capitales. Este dinamismo se propaga a otros sectores como el textil, agrícola, alimentario, vidrio y construcción. A la provincia de Murcia acuden los técnicos más cualificados y mejor preparados.

Existen numerosas industrias auxiliares como la fundición, fábrica de camas y maquinaria de Francisco Peña Vaquero en Murcia, de la que todavía queda en pie la bella fachada en el Barrio del Carmen, y la Primitiva Murciana, fundición y taller de construcción de maquinaria de la familia Monzó en Murcia.

En el sector de la electrificación también se aprecia un gran dinamismo e inversión nacional y extranjera entre la última década del siglo XIX y la primera del XX.

Después de acabar la ingeniería, Brunton empezó a trabajar para la Crompton & Co. Empresa con la que Juan Marín contrataría el generador eléctrico que Brunton instaló en 1896 en el Menjú, propiedad de Juan Marín.

La primera prueba del alumbrado tuvo lugar el 2 de marzo de 1896. Tras el éxito de la prueba, se llevaría a cabo el alumbrado público de Cieza y Abarán, que se iría ampliando progresivamente.

En 1898 Brunton con 26 años formaba dos sociedades con el abogado Juan Marín y José Grau Barceló. La primera de ellas fue la sociedad regular colectiva, titulada “Marín, Brunton y Grau, SRC”, para la explotación del majado de espartos y fabricación de todo tipo de manufacturas de esta fibra. La segunda “Marín, Brunton, Grau y Compañía, SRC”, fue constituida el mismo día y su objeto era la fabricación de tejidos de lana y algodón de todas clases.

En 1898 Brunton funda también su taller de construcción de maquinaria de todo tipo, ajuste y fundición. Se dedica sobre todo a la mecanización de la industria espartera.

Además de maquinaria industrial también fabricaba infraestructuras y fue taller de automoción, concesionario de la Ford.

Brunton también fue fabricante de esencias durante al menos 10 años entre 1905 y 1915 y dio trabajo en la comarca a unos 300 obreros en épocas de crisis.

Además, registró seis patentes sobre esparto entre 1909 y 1917, las primeras de entre las 100 que se registraron en Cieza, Abarán y Blanca, en un periodo que va desde 1909 hasta 1973. Sus patentes se dedicaron tanto a los procedimientos de hilatura mecánica del esparto como a mejorar el majado mecánico. Fue un avanzado a su tiempo porque en los años 60 se impusieron las máquinas de cilindros, que llamaban la lona.

En 1913 Brunton y Luis Anaya, con la participación de accionistas catalanes fundaron la sociedad “Manufacturas Mecánicas de Esparto, S. A.” cuyo domicilio social estaba en Barcelona y el centro fabril en Cieza. Contó con una excelente mecanización de la industrialización del esparto, llegando a la obtención de hilo mecánico.

En 1917 funda Buitrago y Compañía, SRC con Diego Buitrago Guirao, cuyo objeto era la acuñación y fundición de medallas y demás objetos similares. Duraría solo dos años.

En 1913 Brunton y Anaya también formaron la Sociedad Mercantil Regular Colectiva Brunton y Anaya, cuyo objeto era la explotación de patentes industriales. El mismo año que patentaron conjuntamente “Una caja repartidora de un cierto número de monedas con intervalos de tiempo determinados”, un cajero automático con forma de caja de caudales que contenía una serie de tubos verticales de diferentes diámetros donde se alojaban las monedas del sueldo mensual o quincenal y que, gracias a un reloj despertador, a la hora designada, se descorría un cerrojo y se podía deslizar una placa corrediza que contenía las monedas para el gasto diario de la casa o del pequeño comercio. Con este invento pretendían favorecer el ahorro familiar.

El 26 de junio de 1913 también registraron la marca Autocajero, justo tres meses después de haber patentado el cajero automático.

El “ambicioso” fin del cajero es recogido en la patente por los propios inventores: «Con este invento se evitará la ruina, la destrucción de la familia y la corrupción de la sociedad. Además, el uso de esta caja educará a las generaciones futuras enseñándoles el camino del ahorro, principal elemento de las familias y de los pueblos que quieren llegar a ser grandes».

Su idea era comercializarlo a gran escala, tal como queda acreditado en los cientos de placas que acuñaron para ser adosadas a los aparatos donde figura que tienen “solicitadas patentes en todos los principales Países del Mundo”. El concesionario exclusivo para España era Matths Gruber. Otra prueba de que intentaron comercializarlo a gran escala y de que le dieron publicidad es que han aparecido cuatro postales, propiedad de la familia Anaya, con las fotos de un cajero renovado, más moderno y con un diseño diferente, que en la actualidad llamaríamos vintage.

Excelente conferencia en Abarán sobre Brunton, su familia y la sociedad del cambio de siglo

Ayer tarde 28 de febrero en la Biblioteca de Abarán pudimos disfrutar de la conferencia de Manuela Caballero, titulada “Bernard Haslip Brunton. La trayectoria vital de un ingeniero británico en la Región de Murcia”. La historiadora nos habló de la biografía de Brunton, su llegada a Cieza para instalar, en 1896, la Fábrica de luz San Antonio del Menjú, que proporcionó el primer alumbrado eléctrico a Cieza y Abarán. Además de la formación de su familia con Carmen Trigueros y la vida social, cultural y deportiva en el cambio del siglo XIX al XX.

La conferencia fue muy amena y rigurosa desde el punto de vista histórico, con una excelente presentación y abundancia de fotos de archivos familiares y públicos. Entre el público pudimos conversar con algunos descendientes de la hija de Arturo Brunton, que forman la rama García Brunton de Abarán y Javier Núñez, de la rama Núñez Brunton de Blanca que nos acompañaron y quedaron sorprendidos por la exposición y la conferencia.

Recordemos que el ciclo consta de dos conferencias que se imparten con motivo de la exposición en Abarán del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia”, que se puede ver en  la Biblioteca D. José Vargas Gómez, edificio CIMA de Abarán, hasta el 23 de marzo. La siguiente será mañana 1 de marzo, con el título “Bernardo H. Brunton, un pionero en la industrialización de la Región de Murcia”, que será impartida por mi a las 20,00 horas.

Antonio Guardiola Aroca, un esforzado industrial en plena crisis del esparto

Pascual Santos López

Cada día que pasa se hace más difícil encontrar la memoria viva de la industria del esparto en las personas que forjaron el pasado de nuestra ciudad. En este caso, gracias a su hija Manuela Guardiola que me puso en contacto con su padre, he tenido la suerte de encontrar a uno de los protagonistas de la historia industrial de Cieza, que con una memoria lúcida a sus 95 años nos ha contado su vida con todo lujo de detalles. Desde este foro agradecer a Antonio, su esposa y sus hijos su ayuda por los recuerdos y documentos aportados.

Antonio Guardiola Aroca, conocido como “El Rojico”, nace en Cieza el 3 de diciembre de 1927 en el seno de una familia humilde de la calle del Cid. Su padre Joaquín era rastrillador, aunque ejerció otros oficios como empleado del Hotel Segura y sereno, hasta que el Ayuntamiento eliminó ese servicio. Su madre Manuela se ocupaba de la casa y cinco hijos, aunque el primogénito murió a los pocos meses de nacer por culpa del sarampión. Antonio fue al colegio del Santo Cristo donde aprendió las primeras letras con don José Garro. Al estallar la guerra, cuando tenía seis años se suspendieron las clases y acompañaba a su hermano a trabajar como hilador de esparto, ayudándole en sus tareas.

Después, recuerda haber asistido a la Escuela Graduada, donde su maestro era don Antonio Mamoreta, del que guarda un bello recuerdo. Como la situación económica en casa no era buena dejó de asistir a la escuela y ganaba algún dinero vendiendo periódicos o novelas por entregas de la Editorial Bruguera, de las que hacía suscripciones. Pero a los 11 años, como tantos niños ciezanos, comenzó a trabajar de “menaor” moviendo la rueda (mena) en la empresa de Antonio Zamorano Fernández, que estaba ubicada en el desaparecido Cabezo Cirujano, en el cruce del Camino de Madrid y el Camino de la Estación, frente al actual Mercadona.

El maestro de hiladores lo sacó de mover la rueda y lo puso a barrer la carrera y, como era chico avispado, enseguida aprendió el oficio de la hilatura haciendo el trabajo de un hombre con solo 14 años. Pasó el tiempo y Antonio se hizo un buen hilador, hasta que se fue al servicio militar a Palma de Mallorca el 11 de abril de 1949. Cuando volvió, en agosto de 1950, comenzó a faltar el trabajo y algunas empresas grandes empezaron a cerrar, por lo que había semanas que trabajaban sólo dos días. Algunos hiladores formaban pequeñas empresas que llamaban boliches. Otros hiladores, que no tenían dinero para comprar esparto picado o rastrillado, como Antonio, ofrecían su trabajo a cualquier empresa en los días que faltaba, yendo de aquí para allá con sus herramientas: la cruz, el ferrete, el urdidor, por eso decían que iban con la cruz a cuestas. Zamorano les dejaba que sacaran la herramienta de la empresa los días que no tenían trabajo.

Antonio pensaba ya en casarse con su novia Joaquina Villa Haro y le pidió a su futuro suegro, que tenía unas tierras en el Argaz, montar un espacio para la carrera de hilar y así poder trabajar por su cuenta los días que no tuviera trabajo en la empresa de Zamorano. Tuvo que comprar una rueda de hilar, aunque eso era fácil, pues como estaban cerrando empresas se vendían baratas y cualquier reparación o incluso nuevas las hacía Perona, que era el carpintero de Zamorano; lo difícil fue comprar el esparto para lo que sacó un préstamo de 960 pesetas en el Banco de Murcia y su suegro le dejó la burra para acarrearlo hasta el Algar. Así comenzaron a hilar él y su íntimo amigo Juan Cano Guardiola, que era como su hermano, pues habían comenzado desde niños a trabajar con Zamorano. De esa forma no perdían el día y servían pedidos a Gabriel Ortiz Aroca y a Manolo Gómez Lucas, más conocido como Manolo Bermúdez, que había descubierto el mercado de las mejilloneras y vendía betas de esparto embreadas.

En la primera mitad de la década de los cincuenta, Antonio compró un rastrillo para que su padre y su hermano le ayudaran a rastrillar el esparto picado que compraba y vendían toda su producción, ya que hilaban con calidad. Por entonces, Andrés Ros Rosa, yerno de Antonio Zamorano, seguía gestionando la industria y Antonio se mudó a trabajar en las carreras de hilar, que tenía en el Camino de la Ermita. El 11 de junio de 1955 Zamorano cerró la empresa y su escribiente, Pepe Morcillo, recibió un pedido de 15.000 kilos de cordelería para hacer capachos en Andalucía y Antonio se hizo cargo, con lo que pudo dar trabajo a doce parejas de hiladores.

Andrés Ros le había propuesto que se quedara con la fábrica, pero Antonio no tenía dinero para pagarla. Además, pensaba que si los grandes empresarios cerraban era porque el esparto no tenía futuro, aunque tenía que seguir trabajando y en ese momento tenía pedidos. De hecho, tenía un nuevo cliente, José Martínez Real “Pepeolo”, al que había presentado una hilatura de calidad y le dijo que de aquello le compraría todo lo que produjera. Consistía en madejas de filete (2 hilos) de 30 metros, cosidas para hacer un rulo de dos paquetes, cada paquete tenía 40 madejas y el rulo 80 madejas, que se utilizaban para colgar plátanos en Canarias.

También, en vísperas del verano hacían muchos vencejos, que eran cuerdas de filete de un largo especial para atar las gavillas de la mies. En verano hacían filete y piola (4 hilos) en madejas de 30 metros para fabricar los capachos de extraer aceite. Pero del local de Zamorano se tuvo que ir con sus dos ruedas de hilar a un local que le dejó Diego Giménez “El Tallero”, donde estuvo un par de meses, hasta que se fue a una hondonada que había debajo de la Estación del Chicharra, donde utilizaba como almacén una chabola de unos seis metros cuadrados que le dejaron. El 7 de agosto de 1955 se casó a pesar de haberse quedado sin el trabajo que hacía como hilador para Zamorano y su primer hijo, Joaquín, nació al año siguiente.

De la Estación se fue a la calle Víctor Pradera, hoy José Planes, a un solar que tenía Francisco Camareta y de allí pasó enfrente en la misma calle, a un local que alquiló a la familia de Mercedes Villena, lindando con los Vidales, que tenían un almacén de trapos y fábrica de borras. Allí dio de alta su industria en 1958 con cinco o seis obreros fijos y muchos más eventuales, que venían a pedirle trabajo, incluidas cuatro mujeres peladoras que prácticamente las empleaba todo el año.

A partir de entonces se imponía la mecanización, por lo que compró cinco caballetes con cuatro cabezales de hilar cada uno, que permitían eliminar al “menaor” que movía la rueda. Pero todavía se mantenía el que corchaba y asistía a los hiladores en la carrera. El caballete, donde trabajaban dos hiladores, hacía la función de la rueda.

El esparto picado o rastrillado lo compraba a los hermanos Pérez Villa y a Juan González Bernal, aunque otras veces Jesús Santos Caballero le picaba el esparto que adquiría. Lo más difícil era reunir el dinero para los carros de esparto y pagar a los hiladores que trabajaban para él, por lo que a veces no podía llevar su sueldo de hilador a casa, que era de unas 200 pesetas a la semana. Aunque eso lo podía hacer porque su mujer Joaquina tenía una tienda donde vendía frutas y verduras que cultivaba su padre.

En 1963 recibió un pedido grande de los Astilleros de Gijón a través de Pepe Morcillo. Se trataba de dos grandes maromas de 54 pulgadas de grosor. Aquel trabajo necesitaba de una instalación muy potente para corcharlo y el encargado de Pedro Piñera le dijo que podría hacerlo en su corche, por lo que se pusieron a trabajar dos parejas de hiladores durante dos semanas. Pero allí no pudo ser. Solo quedaba el corche de la antigua Manufacturas Mecánicas de Esparto, que había cerrado ya, y tenía el motor desmontado. El encargado de Manufacturas, Antonio Segura, le permitió hacerlo, pero Olivares tuvo que instalar un motor de segunda mano que tenía en su taller. Aquello fue un espectáculo, pues todos los viejos maestros hiladores fueron a ver el trabajo. Al fin consiguieron fabricar las maromas con las que aparece Antonio en la fotografía.

Ese año de 1963 registraba su nombre comercial y poco a poco pudo comprar una máquina de rodillos para majar esparto y un terreno y almacén a Pedro Ordoñez, en el Camino de la Fuente, 1, lindando con Pedro Piñera. La idea de Antonio era mecanizar su empresa al máximo posible para ser competitivo y dar calidad al mejor precio. Por eso, siempre estuvo al día de los nuevos inventos que los constructores de maquinaria desarrollaban. Se inventaron máquinas de hilar sentado y nuevas máquinas de majar y rastrillar con las que se avanzaba trabajo y se aumentaba la seguridad.

El 17 de abril de 1968 traslada su fábrica al Camino de la Fuente y compra una nueva máquina laminadora de majar esparto, tipo Marset, de rodillo central y cuatro rodillos satélites con potencia de 10 HP. Por entonces, no le faltaban pedidos, ya que viajaba mucho y estaba en contacto directo con los clientes. Barcelona, Cádiz, Palma de Mallorca. Quizás su secreto era ese, una producción de calidad y una buena política de ventas. En Cádiz tenía dos clientes muy buenos que visitaba directamente: Cordelería Hércules y Astilleros de Cádiz. Vendía pedidos de cien betas y camiones enteros de bobinas.

En Manacor tenía un cliente muy amigo, Guillermo Obrador Morey, que lo hospedaba en las frecuentes visitas que le hacía. Otro cliente, Valentín Díaz Cabezas, le compraba mucha piola y filete. Entre los boliches era conocido como “La Blusa”, pues llevaba una blusa grande de donde sacaba fajos de billetes para pagar en efectivo cuando venía a Cieza.

En febrero de 1974 ampliaba su fábrica de majar esparto con una nueva laminadora, marca Marset, de rodillo central y seis rodillos satélites con 20 HP de potencia, como consta en el proyecto del ingeniero de montes Vicente Jordá Tormo. La idea de Antonio era montar un tren de hilado completo. Por aquellos años, instaló la máquina laminadora, dos bombos de rastrillar, una cardadora que sacaba la mecha de esparto, dos manuares que estiraban la fibra a partir de la mecha, una hiladora de doce husos y una dobladora que permitía corchar cuerda hasta de cuatro hilos. Había conseguido la mecanización total. El hilado mecánico. Aunque mantenía tres máquinas de hilar sentado, pues para determinados trabajos y clientes se seguía hilando manualmente.

El 17 de enero de 1980 Antonio se subió al tejado a reparar una gotera y cayó sobre la cardadora, fracturándose un fémur, con lo que estuvo casi sesenta días en el hospital y muchos más de rehabilitación, dejando la fábrica en manos de su encargado, Pedro Marín Valenzuela, su mano derecha durante 20 años. En 1981 se declaró un incendio en la fábrica ardiendo maquinaria y cubiertas, aunque Antonio pudo seguir trabajando y lo reparó todo, a pesar de la insuficiente indemnización que le aportó el seguro. Pero ya no se encontraba con fuerzas y en 1983 se asoció con los Hermanos Martínez, conocidos como “Cacharreros”, que se lo habían ofrecido. Ese año la empresa Antonio Guardiola Aroca se dio de baja y él quedó como jefe de ventas de los anteriores.

La demanda bajó mucho y se hacía muy difícil trabajar por lo que Antonio llegó a un acuerdo con sus socios para que se quedaran su maquinaria, la que tanto le había costado conseguir, y también los trabajadores fijos que tenía y se prejubiló a los 60 años de edad.

Para terminar, decir que Antonio Guardiola trabajó siempre el esparto y consiguió progresar en una etapa de crisis, durante la que proporcionó trabajo a muchos ciezanos y manufacturó productos de calidad como aparece en el membrete de sus facturas: hilados mecánicos de esparto, betas, filetes, piolas, estropajos FREGOLINA y espartos para escayola, que salieron de la materia prima de los montes de nuestra tierra.

Figura 1.- Antonio Guardiola Aroca en el servicio militar, 10-10-1949.

Figura 2.- Antonio Guardiola y sus obreros, finales de los años cincuenta.

Figura 3.- Antonio Guardiola y sus obreros celebrando el bautizo de su primer hijo, 1956.

Figura 4.- Antonio Guardiola con las betas que corcharon en Manufacturas, 1963.

Figura 5.- Membrete de la empresa Antonio Guardiola Aroca.

Artículo publicado por Pascual Santos López en El Mirador de la Prensa, el 27 de enero de 2023, pp. 6-7 y en Crónicas de Siyasa el 3 de febrero de 2023, pp. 10-11.

Excelente conferencia sobre la vida y familia de Brunton y la Cieza de principios del siglo XX

El pasado jueves 17 de noviembre, en el Museo de Siyâsa, tuvo lugar la conferencia titulada “Bernard Haslip Brunton. La trayectoria vital de un ingeniero británico afincado en Cieza (1871-1953)”. Fue impartida por Manuela Caballero González que nos habló de su trayectoria vital y su llegada a Cieza para instalar, en 1896, la Fábrica de luz San Antonio del Menjú. Además de la formación de su familia con Carmen Trigueros y la vida social, cultural y deportiva de la Cieza de finales del siglo XIX y principios del XX.

La historiadora, con una excelente presentación y fotos de archivos familiares y públicos, fue presentada por el también historiador ciezano Francisco Javier Salmerón, que introdujo la Cieza espartera que encontró Brunton en 1896 y nos expuso parte de la trayectoria de la investigadora. Al terminar la exposición de Manuela Caballero se abrió un breve debate sobre la familia Brunton y la autora volvió a agradecer la ayuda y documentación prestada por la familia Brunton, Paz Palencia Anaya, María Dolores Piñera y Lorena Martínez.

Recordemos que el ciclo consta de tres conferencias que se imparten con motivo de la exposición en Cieza del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia”, que se puede ver en el Museo de Siyâsa hasta el 11 de diciembre, sala “La Pecera”. La siguiente será el 1 de diciembre, con el título “Bernardo H. Brunton, un pionero en la industrialización de Cieza”, que será impartida por mi.

Exposición en Cieza del proyecto Huellas de la europeización en la Región de Murcia

El pasado viernes 11 de noviembre inauguramos Manuela y yo, junto al alcalde Pascual Lucas y las concejalas María y Conchi y el director del proyecto Klaus Schriewer, la exposición del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia” en el Museo de Siyâsa de Cieza. Proyecto que difunde la figura de doce extranjeros europeos que contribuyeron a la modernización de la Región de Murcia y a su europeización.

La exposición estará abierta hasta el 11 de diciembre, donde se podrá ver el cajero automático de Brunton y Anaya, inventado en 1913 y cedido por la familia Brunton, un mecanismo de relojería anterior a la solución final, propiedad de la familia Anaya y muchos más objetos de la vida y empresas de Brunton, protagonista de la muestra en Cieza, junto a objetos cedidos por las familias representadas en la exposición.

Agradecemos desde aquí su ayuda al alcalde y ediles de Cieza, al director y personal del Museo, a las familias Brunton y Anaya, a María Dolores Piñera y a Lorena Martínez, que nos han prestado material para enriquecer la exposición. El proyecto cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Cieza, la Fundación Séneca y la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y las instituciones organizadoras son: La Universidad de Murcia, la Cátedra Jean Monnet, el Centro de Estudios Europeos y la Sociedad Murciana de Antropología.

Marín, Brunton, Grau y Cía., una fábrica de lonas en el Menjú de 1898

Pascual Santos López

El proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia” pretende visibilizar a inmigrantes europeos que se asentaron en nuestra región y que fomentaron los contactos con el resto de Europa. Los objetivos son investigar la vida de estos inmigrantes, realizar una exposición itinerante en las ciudades de Cartagena, Mazarrón, Águilas, Lorca, Cieza y Murcia entre mayo de 2022 y febrero de 2023 y publicar una obra colectiva sobre los protagonistas de la exposición. El proyecto es una cooperación entre la Cátedra Jean Monnet de la Universidad de Murcia, el Centro de Estudios Europeos de la Universidad de Murcia (CEEUM), la Sociedad Murciana de Antropología (SOMA) y la Facultad de Filosofía y su director es el catedrático de Antropología de la Universidad de Murcia Klaus Schriewer.

En Cieza contamos con la figura del ingeniero inglés Bernardo H. Brunton que investigamos Manuela Caballero y yo mismo y que está dando numerosos frutos entre ellos el descubrimiento de dos sociedades creadas por Brunton, junto a otros industriales ciezanos, en el Menjú de 1898 y de una de ellas, la fábrica de lonas, se conserva una curiosa fotografía en el Archivo General de la Región de Murcia, que adjunto a este trabajo.

Sabemos que Brunton llegó a Cieza para instalar la fábrica de luz San Antonio del Menjú en marzo de 1896, gracias a la iniciativa del abogado Juan Marín Marín dueño de la finca, que pretendía dotar de electricidad a las villas de Abarán y Cieza. En los años posteriores Brunton iniciaría numerosas fábricas y sociedades, entre ellas la fábrica de lonas del Menjú.

Precisamente el 5 de abril de 1898 Brunton con 26 años, soltero, formaba dos sociedades con Juan Marín, de 42 años, casado y José Grau Barceló de 28 años, soltero y comerciante. La primera de ellas fue la sociedad mercantil regular colectiva, titulada “Marín, Brunton y Grau, SRC”, que se dedicaba a la explotación del majado de espartos y fabricación de todo tipo de manufacturas de esta fibra. Los socios confiaban plenamente en Brunton, pues la firma social estaba a cargo indistintamente de él y Juan Marín, que tenía instalada la fábrica de luz del Menjú con la que abastecía de alumbrado a Cieza y Abarán.

Justamente en la planta baja de dicha fábrica se encontraban ocho bandas de mazos para majar esparto, correas, transmisiones y utensilios y un cilindro para fabricar papel de estraza, junto a dos bombas y tuberías de acero para el llenado y desagüe de dos balsas para cocer esparto. Además, en las inmediaciones Juan Marín tenía dos almacenes de esparto, carreras de hilado y corche para fabricar cordelería y un edificio para el rastrillado de la fibra. Todo lo cual lo aportaba a la sociedad, además de la fuerza motriz necesaria para la maquinaria, aunque por la noche lo haría con la energía sobrante, sin interferir en el alumbrado de las dos villas, servicio que era prioritario.

La segunda de las sociedades la formaban los tres socios anteriores y Enrique Martínez Meseguer, de 46 años, casado y escribiente de Cieza. Su razón social era: “Marín, Brunton, Grau y Compañía, SRC” y fue constituida el mismo día para fabricar tejidos de lana y algodón de todas clases. Al igual que en la anterior la firma social estaba a cargo de Juan Marín y Brunton, indistintamente.

Juan Marín aportaba 10.000 pesetas en efectivo y la energía eléctrica necesaria. Brunton 30.000 pesetas en efectivo y sería el director de máquinas e inspector del negocio. José Grau Barceló aportaba los telares que tenía arrendados a Francisco Miñano y que se encontraban instalados en la fábrica del Menjú. El resto de telares mecánicos que constituían la fábrica eran propiedad de Enrique Martínez Meseguer, que los aportaba a la sociedad, además de llevar la contabilidad del negocio. La duración de la sociedad sería de tres años contados desde el 1 de mayo de 1898 al 30 de abril de 1901, quedando prorrogada por otros tres años más y a partir de entonces por cada año.

Meses después la prensa nacional se hacía eco del éxito de la fábrica de lonas, pues la demanda de “patenes, lienzos y lonetas” era mucho mayor de la que podía suministrar la empresa, gracias a su precio y calidad. Cuya especialidad era la tela de rayadillo en crudillo destinada a los uniformes de mecánica del ejército. La producción abarcaba también algodones tintados inalterables para fabricación propia y exportación.

Según la prensa la calidad de los tejidos era tal que en pocos meses de producción las provincias de Granada, Almería, Albacete, Murcia y Alicante entre otras, tenían esta fábrica como único proveedor de los tejidos en los que se especializaba y los viajantes de la casa se veían con frecuencia en apuros para poder servir los pedidos que les hacían.

Los últimos adelantos en telares mecánicos producían tejidos inmejorables que competían favorablemente con los fabricados con antiguos telares de madera en limpieza y perfección. Además, se habían traído dos máquinas automáticas para poner el “hilo en las canillas y cuando está llena y no debe llevar ni una vuelta más, la suelta y echa fuera”.

Esta fábrica de tejidos del Menjú en Cieza o uno de sus talleres, con los últimos avances y telares completamente mecanizados, se puede apreciar en la fotografía de finales del siglo XIX que se adjunta y en la que se ve a Juan Marín junto a otro hombre, que bien podría ser el encargado de producción, Sr. Talón al que la prensa titulaba como persona muy competente y “bajo cuyas órdenes se han producido en aquellos talleres cuantas muestras se le han presentado” y todo ello bajo la atenta supervisión del director de maquinaria, el ingeniero inglés afincado en Cieza Bernardo H. Brunton.

La primera de las exposiciones itinerantes del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia” estará abierta al público del 6 al 25 de mayo en la Sala Cultural Dora Catarineu, calle Ronda nº 7 de Cartagena. Con varias conferencias asociadas, la primera sobre la familia Rolandi y su presencia en Cartagena.

Foto 1.- Archivo General de la Región de Murcia. Fotografías de la familia Moxó Ruano de Cieza, FOT_NEG,039/001

Foto 2.- Bernardo H. Brunton. Cortesía de la familia Brunton

Artículo publicado por Pascual Santos en el semanal Crónicas de Siyasa, 6-5-2022, p. 7.

Se publica nuestro nuevo artículo sobre patrimonio industrial de Abarán

Se acaban de publicar las Actas V Jornadas sobre investigación y divulgación sobre Abarán y el Valle de Ricote, organizadas por Asociación La Carrahila de Abarán. En esta ocasión Manuela Caballero, Laura Santos y yo mismo escribimos una comunicación titulada: Aportaciones al patrimonio industrial y social de Abarán a través de sus patentes históricas, que trata de incorporar otro punto de vista a los estudios sobre el patrimonio de Abarán. Pretendemos aunar aspectos sociales, biográficos, de desarrollo industrial y tecnológico así como económicos, teniendo como hilo conductor el análisis de las patentes históricas de Abarán, que son las registradas entre 1878 y 1966. Hemos recopilado material de archivos, prensa histórica, comunicaciones familiares y demás fuentes necesarias para conocer mejor las actividades, motivaciones y circunstancias de estos emprendedores dentro de la sociedad de la localidad. Creemos que investigar y divulgar este importante legado ayudará a recuperar y conservar el rico patrimonio industrial, social y tecnológico de la Región de Murcia, para que se conozca y valore con todo el potencial que puede ofrecer para la historiografía, el desarrollo museístico y su aplicación en la educación.

“Excelente acogida de la Exposición Ingenio y Técnica en Caravaca”

Así han titulado numerosos medios de comunicación la noticia de la inauguración de nuestra exposición “Ingenio y Técnica en la Región de Murcia 1878-1966” en Caravaca, que fue inaugurada el 21 de junio en la Sala de Exposiciones de la Compañía de Jesús con excelente afluencia de público de toda la región. Después de explicar Manuela y yo la exposición al alcalde, concejales y asistentes dimos una rueda de prensa junto a las autoridades, haciendo hincapié en las novedades incorporadas en la muestra, como son los inventores de Caravaca y las creaciones de las inventoras murcianas.

Recordaros que todavía estáis a tiempo de visitar la muestra, que estará hasta el cuatro de julio en horario de 18 a 21 horas de lunes a viernes con todos los prototipos y novedades que hemos incorporado para la ocasión. Además Caravaca y su casco antiguo también merecen una visita. Os esperamos.