Entre la industria, el periodismo y la inventiva: José Gómez Velasco

Pascual Santos López

Tarjeta postal de José Gómez Velasco en 1945. Archivo Santos-Caballero

En muchas ocasiones encontramos pequeños documentos, cartas, facturas, fotos o incluso un simple sello de empresa en un papel, que los historiadores aprovechamos para tirar del hilo de Ariadna. En el caso que nos ocupa tuve la suerte de encontrar una tarjeta postal de la industria ciezana de José Gómez Velasco, remitida a Teruel desde Cieza en enero de 1945 y que ya forma parte de nuestra colección “Archivo Santos-Caballero”.

Por las noticias que hemos podido recabar, la familia Gómez Velasco era la arrendataria del Molino de la Huerta, más concretamente encontramos al cabeza de familia, José Gómez Maquilón, manteniendo un molino y una piedra de moler de 70 decímetros cuadrados, movida por fuerza hidráulica en el paraje de la Huerta, que se alimentaba de la Fuente del Ojo.

Según Antonio Ballesteros este molino también era conocido antiguamente como de la Encomienda o del Comendador. Gómez Maquilón mantuvo en explotación el más conocido por los ciezanos “Molinico de la Huerta” durante toda la década de los cuarenta y posteriormente pasaría a manos de su hijo Juan Gómez Velasco desde 1951 hasta 1959, que aparece en los documentos del Ayuntamiento como “Fallido”, probablemente porque la explotación de los acuíferos de la Sierra de Ascoy secaría la Fuente del Ojo. José Gómez Maquilón fallecía el 7 de noviembre de 1971 en la calle Víctor Pradera, 6 (Edificio Mina). Lo que hoy es la calle José Planes. Acompañado de sus hijos: José, Manuel, Jesús, Juan y Antonia Gómez Velasco.

Volviendo a la industria del esparto, encontramos a José Gómez Velasco manteniendo una fábrica de hilados entre 1944 a 1947 con diez ruedas de hilar en la Avenida del Caudillo. En la actualidad Camino de Murcia. En 1948 aparecen las diez ruedas de hilar de la Avenida del Caudillo a nombre de la empresa “Industrias de Esparto”, pero lo más curioso es que José Gómez Velasco aparece de nuevo con tres ruedas de hilar en la Calle Víctor Pradera entre 1951 y 1957. Eso nos hace pensar que puede que las diez ruedas anteriores fueran arrendadas y al pasar a otra empresa José Gómez luego tendría las otras tres en propiedad, aunque eso no lo sabemos con certeza.

Lo que si sabemos con seguridad es que José Gómez solicitaba en 1944 registrar la marca de su industria “W” para distinguir hilados y trenzados de esparto, siendo sus productos manufacturados todo tipo de cordeles, betas, sogas y trenza de dicha fibra. La marca se la concedían el 5 de diciembre de 1944.

Marca de José Gómez Velasco. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas

Además de industrial del esparto, José Gómez Velasco era funcionario del Ayuntamiento de Cieza y estaba casado con Dolores Lucas Zamora, pues en 1950 la prensa se hace eco del nacimiento de sus dos gemelos y en junio de 1953 de un viaje particular a Marsella, puede que para dar salida a los productos de su fábrica.

Otra de las facetas de José Gómez Velasco era el periodismo, pues lo encontramos como corresponsal de La Verdad en Cieza durante la década de los sesenta y los setenta. Muy querido por sus compañeros periodistas, que le apodaban “Salieri” y publicitaban con regocijo las noticias de su familia, como la boda de su hija Antonia de la Cruz Gómez Lucas, en mayo de 1971, con Jesús Balsalobre Alguacil en la iglesia de San Juan Bosco; o el nacimiento de su nieto Miguel Ángel en octubre de 1976, segundo hijo de su hija María Dolores y Antonio Caballero García.

A pesar de la crisis del esparto José Gómez siguió intentando desarrollar y perfeccionar productos de esta fibra tan ciezana, ya que precisamente el 13 de octubre de 1971 solicitaba registrar patente por veinte años por un “Procedimiento industrial para la obtención de fibras de esparto blanqueada y esterilizada para diversos usos”. Patente que le concedían el 13 de julio de 1973, donde explicaba una forma de blanquear el esparto directamente recogido tras su exposición al sol en la tendida, puesto en haces verticales de un solo atado en cámaras herméticas, se le sometía a los gases del azufre, hasta que se sacaba cuando gracias a una mirilla se veía que estaba blanqueado y esterilizado. Al parecer nuestro inquieto industrial, periodista e inventor estaba enfermo y según la noticia de su fallecimiento, se había jubilado del Ayuntamiento dos años antes, debido a la enfermedad que padecía y aunque no ofrecía extrema gravedad un fallo cardiaco le produjo la muerte en la mañana del jueves 10 de enero de 1980. Triste noticia que causó profundo sentimiento ya que era muy querido en el pueblo. Esperemos que esta humilde reseña sirva para recordar la memoria de este ciezano.

Publicado por Pascual Santos López en El Mirador de la Prensa, 14-5-2021, p. 16.

Del esfuerzo del ahorro al desarrollo de la industria: Francisco Guirao Marín

Pascual Santos López

Tiempos difíciles recorrían la España de 1872. Hacía poco que se había producido la Revolución de 1868, pero el pueblo seguía sufriendo hambre y sed de buen gobierno. Muy pronto se produciría la abdicación del rey Amadeo de Saboya y la proclamación de la Primera República Española. Un joven soldado ciezano, Francisco Guirao era destinado con 17 años al Regimiento de Artillería nº 1 de Madrid y justo un año antes de acabar su servicio militar un nuevo golpe de estado proclamaba la Restauración borbónica. En 1875 volvía a su tierra y se empleaba como vigilante de los montes públicos de Cieza, según nos cuenta su bisnieto Javier Martínez Alcázar.

Francisco Guirao Marín nacía en Cieza el 19 de julio de 1855 “a las ocho de la noche”. Hijo de Francisco Guirao Morote y Juana Marín Marín. Nieto de José Guirao, Catalina Morote, Francisco Marín y Elvira Marín. El 20 de agosto de 1880 se casaba con Manuela Ortega Moya y tendrían nueve hijos: Gertrudis, José María, Amparo, Pacífico, Alfredo, Francisco, Pilar, Salvador y Aurelio.

Francisco Guirao era conocido en Cieza como “Morote” y tras dos años de trabajar como guarda de montes es ascendido a jefe del Servicio de Vigilancia de los Montes Públicos, cargo que ejercería a lo largo de diez años haciendo amistad con otro guarda del mismo servicio, Mariano Martínez Montiel, también conocido como “Martinejo”. Los dos amigos eran jóvenes ambiciosos y decidieron que si lograban ahorrar 1.000 pesetas podrían iniciar algún negocio, como así sucedió. En 1885 Francisco y Mariano dejaban su trabajo y montaban cada uno un horno de pan.

La demanda de esparto para la fabricación de lazos aplicado al amarre de cajas de naranjas y para la industria papelera británica inició el auge de esta fibra. Con trabajo, esfuerzo y ahorro Francisco Guirao consigue instalar un almacén de esparto hacia 1890 en una casa adquirida en el Camino de Madrid, mientras mantenía su otro negocio, que en 1894 convertiría en una floreciente abacería en el número 35 de la calle Cánovas del Castillo, con la ayuda de su familia. En enero de 1902 aparecía ya en el número 25 del censo de mayores contribuyentes de Cieza, con una contribución de 430 pesetas, siendo el primero Antonio Marín Oliver con 2.960 pesetas y el último Joaquín Zamorano Rodríguez con 96 pesetas. Según su bisnieto, estar en esa lista no era cuestión baladí, pues la Ley de 8 de febrero de 1877 les permitía elegir, junto a los concejales, a los compromisarios para las elecciones al Senado. El 8 de noviembre de 1903 participaba en la política municipal, presentándose por el partido conservador al Concejo; tomando posesión del cargo en la sesión del 1 de enero de 1904 junto a otros concejales y como alcalde Diego Martínez Pareja. Francisco trabajó en la Comisión de Obras Públicas y Montes, presidida por el alcalde y con su gestión se mejoraron el control de las subastas de esparto en los montes públicos y el camino vecinal entre Cieza y Calasparra.

En esos años Francisco seguiría acrecentando sus negocios de abacería y almacén de espartos y viviendo en la calle Cánovas, ya que lo encontramos entre 1907 y 1918 contribuyendo por la abacería en Cánovas, 35 y en 1917 comienza ya con un torno de hilar esparto también en Cánovas, 35, pero en 1919 se muda a su casa del Paseo Marín Barnuevo, donde contribuye con una fábrica de jarcias y cables de esparto movida a mano, una fábrica de marañas de esparto y un torno. Justo en ese año de 1919 ya no aparece la abacería, puede que sus negocios de esparto le exigieran toda su atención. Además, sus hijos mayores ya le ayudaban: Gertrudis probablemente estaría en la abacería de su padre y José María Guirao Ortega aparece desde 1912 con otra abacería situada en la calle Padre Morote, 1, hoy calle Altozano. Abacería que mantendría hasta 1924. Su otro hijo Pacífico Guirao cotizaba en 1916 por venta de cordeles y sogas de esparto en Cánovas, 35.

En 1924 se producía el gran despegue de las empresas Guirao. Francisco Guirao instalaba una fábrica de conservas en Cieza y otra en Archena y una prensa mecánica para envases de hojalata en Cañada de la Horta para dar servicio a sus fábricas. También solicitaba ese mismo año una marca para distinguir conservas de frutas y vegetales, denominada “La campana” y justo al año siguiente sigue viviendo en el Paseo, pero la fábrica de jarcias, sogas y marañas de esparto y un torno movido a mano las pasa a la calle Cordovín, adquiriendo cuatro tornos más en 1926. En 1925 instalaba diez pares de mazos de picar esparto en Cañada de la Horta, que al año siguiente se convierten en catorce. Entre los años de 1923 y 1926 también cotiza por un pequeño camión para mudanzas de 2 HP domiciliado en el Paseo.

En 1928 Francisco Guirao tenía la mirada puesta en la exportación, por ello solicitaba su otra marca para conservas “Liberty” con la Estatua de la Libertad sobre un triángulo e inscrita en un círculo de sogas de esparto, con su nombre y la denominación de marca registrada en francés, preparada para el mercado internacional. Marca que modificaría al año siguiente por la definitiva y ya conocida “Guirao”, que le concedieron el 24 de mayo de 1929. Durante estos años las empresas Guirao conseguirían afianzarse en calidad y prestigio, llegando a ser una de las primeras firmas ciezanas.

Los acontecimientos revolucionarios en la España de 1934, en pleno segundo bienio de la Segunda República Española, también afectaron a las empresas ciezanas. Numerosas huelgas y atentados se produjeron en esa época. Aunque no se sospechó que fuera intencionado, el 26 de marzo de 1934 se iniciaba un imponente incendio en la fábrica de espartería de Francisco Guirao frente a la estación férrea, ardiendo dos naves con manufacturas de esparto y madera para la fabricación de cajas de conserva. “El pueblo entero acudió a ayudar a la extinción del incendio”, presentándose las autoridades y una sección con 17 bomberos de Murcia, que llegaron a la una de la madrugada y consiguieron extinguir las llamas por la mañana. El edificio y la mercancía estaban asegurados a todo riesgo y se calcularon las pérdidas en unas doscientas cincuenta mil pesetas.

También en plena Revolución de octubre, en la madrugada del 12 de octubre de 1934 explosionó una bomba de gran potencia en la casa del paseo de Francisco Guirao, produciendo desperfectos de consideración y rompiendo los cristales de la casa, con el consiguiente susto a la familia y vecinos. También se pegaron en puntos visibles del pueblo pasquines escritos a máquina incitando a la rebelión, siendo arrancadas por los guardias y haciéndose venir a Cieza una batería del sexto ligero de Artillería de la guarnición de Murcia, para contribuir al sostenimiento del orden.

Como sabemos, en 1936 llegaría la Guerra Civil, aunque Francisco Guirao Marín no la vería, pues moría de un colapso cardiaco el 1 de octubre de 1935 a los 81 años de edad. A su muerte, su esposa e hijos registraron su fallecimiento en el registro de empresarios el 4 de diciembre de 1935 y declararon continuar con las operaciones mercantiles de su padre, manteniendo su nombre comercial y conviniendo que su firma sería llevada indistintamente por sus hijos varones José María, Pacífico, Francisco, Salvador y Aurelio. Al año siguiente y declarando comenzar sus actividades el 1 de abril de 1936, la empresa pasaba a denominarse “Sucesor de Francisco Guirao Marín”, cuando su hijo José María se registraba como empresario individual. En aquel momento la empresa contaba con fábricas de conservas movidas por fuerza mecánica en Cieza y Archena, dos juegos de prensas de envases para la conserva, fábrica de espartos en Cieza con 24 pares de mazos de picar, 16 ruedas de hilar, un torno de retorcido mecánico y venta al por mayor de artículos de esparto. En mayo del mismo año se renovaba también la concesión de admisión temporal de hojalata en blanco sin obrar a nombre de la nueva entidad mercantil. En el censo industrial de Cieza de 1939 la empresa aparece como la primera en capacidad de empleo con 416 trabajadores en plantilla. Al año siguiente la empresa cambiaría su denominación a “Guirao Hermanos y Compañía”, comenzando una nueva etapa en la historia de esta empresa familiar, pero esa será contada en otra ocasión.

Figura 1.- Retrato de Francisco Guirao realizado por su hijo Salvador Guirao. Archivo de Javier Martínez Alcázar

Figura 2.- Anuncio de Francisco Guirao Marín en 1922. Archivo Municipal de Murcia

Figura 3.- Marca La Campana. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas

Figura 4.- Marca Liberty. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas

Figura 5.- Marca Guirao. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas

Artículo publicado por Pascual Santos López en Crónicas de Siyasa, 23-4-2021, pp. 4-5.

Esparto y Lana. Industrias y patentes de Antonio Pérez Cano

Pascual Santos López

Allá por 2009 analizaba yo las seis patentes de Antonio Pérez Cano en un artículo de la revista Andelma nº 18. Al pasar los años nuevas investigaciones abundan en la figura de este emprendedor ciezano. Hijo de Juan Pérez López, conocido en Cieza como el «Pájaro». Avispado industrial que iniciaría la fabricación de lazos de esparto a finales del siglo XIX en el camino de Madrid y luego en una fábrica del antiguo barrio de las paleras (quizás algunos entendidos nos puedan decir si ese barrio coincidiría con Los Albares). Lo que constituyó un tirón en el consumo del esparto ciezano aplicado al amarre de cajas de naranja; gracias a la cooperación del empresario Dionisio López de Valencia.

Poco después, Juan Pérez y otros industriales ciezanos impulsarían la fabricación de maromas de esparto, para lo que tuvieron que vencer no pocas dificultades. Falta de mano de obra especializada y falta de fábricas de majado, en aquel tiempo limitadas a las movidas por fuerza hidráulica de Ramón Capdevila, en Bolvax, y la de Joaquín Gómez en el Camino del Molino. Juan Pérez contribuía por tres tornos de hilar en su fábrica de Los Albares. Además de tener un almacén de espartos en el «Torreal» de Cieza, que se quemó en la madrugada del 14 de mayo de 1900, ardiendo completamente en poco tiempo sin ocurrir desgracias personales. Las pérdidas se calcularon en más de 4.000 pesetas. La empresa siguió adelante y en 1908 Juan Pérez registraba su marca El Áncora, que serviría a tres generaciones.

Antonio Pérez pronto se unió a las empresas de su padre y demostró gran empuje e iniciativa. En 1909 ya atiende los negocios de Valencia y en 1912 conseguía autorización por Real Orden para cruzar con una línea eléctrica la carretera de Cieza a Mazarrón, que mejoraría su fábrica. Las innovaciones en su industria le llevan a patentar en 1916 un procedimiento para el blanqueo del esparto mediante hipoclorito sódico, manteniendo sus propiedades mecánicas para conseguir mayor rendimiento y mayor consistencia en los productos acabados. La crisis internacional de 1917 encarece las fibras como el cáñamo, yute, sisal, abacá y similares, permitiendo sustituirlas por esparto, gracias al desarrollo de nuevos productos y al tirón de la demanda de hilados, trenzados y tejidos de esta fibra. Luis Anaya aplica el hilo mecánico producido por Manufacturas a tejido para sacos y Antonio Pérez inicia la fabricación de cofines de esparto. Ese mismo año consigue tres patentes más: un producto industrial, consistente en sogas o trenzas de esparto y una suela de trenza fabricada con esparto, que mejora en otra patente para que pueda fabricarse dicha suela con sus bordes defendidos por protecciones de cuero. La demanda internacional de suelas para alpargatas era muy grande debido a la Gran Guerra. En 1919 patenta una trenza de tres ramales, formados por varios hilos de esparto, más fina, más ligera y mejor confeccionada que la antigua de cinco ramales, aumentando su campo de aplicación en la industria. Trenza que perfeccionaba en 1922 con su última patente. Aplicaciones nuevas y mejora de las antiguas como suelas de alpargata más fina, correas de transmisión y cofines, entre otras, que dieron respuesta a las necesidades del momento.

La progresión de sus fábricas es imparable. Los tres tornos de hilar de su padre en 1912 se convierten en 1920 en una fábrica de jarcias, marañas y cables de esparto en Los Albares y 14 pares de mazos de picar en el paraje del Gramalejo. Según un anuncio de 1922 fabricaba cofines para prensas de aceite y vino en Cieza y Artana, un pueblo de la provincia de Castellón, hilados y trenzados de esparto, además de regentar una empresa en Valencia para construir envases de frutas. En homenaje a su padre fallecido, Antonio Pérez publicitaba su foto en el anuncio como fundador de la empresa. En 1933 el industrial mantenía ya 16 ruedas de hilar, 1 torno de retorcido mecánico y 28 pares de mazos de picar en Cieza.

Otra de sus importantes empresas fue Industrias de Géneros de Punto, S.A., que marcó una época de trabajo para los ciezanos entre 1923 y 1970. Sita donde hoy se encuentra el Auditorio Aurelio Guirao y el Centro Cultural Géneros de Punto. La sociedad fue creada el 15 noviembre de 1923 por Rafael Gómez Toledo, Ángel Ramón Aguiló, ambos industriales y vecinos de Barcelona, Antonio Pérez Cano y su hermano Julián, médico titular de Cieza. Los tres primeros socios mayoritarios, con 27 acciones cada uno de mil pesetas y Julián Pérez con 9 acciones. Siendo nombrado director gerente por tiempo indefinido Antonio Pérez y Julián Pérez como secretario.

Los frecuentes viajes y estancias en Valencia de Antonio Pérez y su familia hacen que su hija Pepita Pérez Carrillo conociera a un joven valenciano, que en marzo de 1933 pedía su mano. En la noche del 2 de mayo de ese año se casaban, en la rectoría de San Joaquín, Pepita y Jaime Tarazona Sobrevela, empleado de la sociedad “Los Previsores del Porvenir”, con puesto en Valencia. La boda se realizó en la intimidad debido al reciente luto del novio. La pareja salía esa misma noche para Valencia, donde fijarían su residencia. Aunque por poco tiempo, ya que cinco años después, en 1938, encontramos en Cieza a Jaime Tarazona como sucesor de las fábricas de espartería de su suegro. Historia que publicaremos en otra ocasión.

Entre las muchas actuaciones que llevaría a cabo Antonio Pérez Cano, que lo vindican como gran gestor, no sólo para sus propias industrias, sino en beneficio de todo el sector murciano de fibras textiles, destacan: la consecución de un préstamo de 400.000 pesetas para el lavado, peinado e hilatura de lana, por Real Decreto de 24 de enero de 1926 de Auxilio a las Industrias, para mejorar Industrias de géneros de punto, S.A. El 26 de Junio de 1934 es nombrado, por elección, vocal patrono de la Sección de Tejidos de Esparto del Jurado mixto de la Industria Textil de Murcia, junto a Jesús Massa Piñera, Cristóbal Martínez Camacho y Rafael Montiel Marín. En agosto de 1934 renueva su puesto en el Registro Oficial de Exportadores. Ese mismo año aparece como delegado colaborador de comisiones arancelarias. En enero de 1936 es presidente de la Asociación Capacheros de Cieza y representa los intereses de la asociación ante el gobernador. El 9 de mayo de 1936 es nombrado miembro, por la Industria del Esparto, de la Comisión que ha de redactar el anteproyecto de Reglamento Orgánico de la Comisión Permanente de Industrias Textiles.

A finales de enero de 1951 fallecía este “prestigioso industrial e ilustre hijo de Cieza”, habiendo sido el fundador de la Cooperativa de Machacadores de Esparto para Yuteras de Madrid, industria que trajo desarrollo y prosperidad a nuestra ciudad. Su entierro se realizó en la tarde del 27 de enero desde la parroquia de la Asunción con gran manifestación de duelo, con autoridades a la cabeza y personas de todas las clases sociales de Cieza y poblaciones cercanas, que honraron la memoria del industrial.

Artículo publicado por Pascual Santos López en Crónicas de Siyasa, 26-2-2021, p. 6.

Las fábricas de Joaquín Gómez, el Gallego

Pascual Santos López

Antigua fábrica de conservas del Gallego. Hoy alberga un Mercadona. Archivo Santos-Caballero

Joaquín Gómez Martínez, conocido en Cieza como el Gallego, era hijo del banquero e industrial del esparto Joaquín Gómez Gómez, nacido en Abarán y afincado en Cieza, que allá por el año de 1885 era dueño de una fábrica de picar esparto en el Camino del Molino, con un batán de 16 mazos movidos por fuerza hidráulica y una máquina de fabricar borras. En febrero de 1895 se casaba con Purificación, hermana de Diego Martínez Pareja, jefe del partido conservador y abogado, que llegaría a ser diputado provincial, juez municipal y alcalde de Cieza. Purificación muere joven el 17 de septiembre de 1911, a los 42 años, dejando atrás seis hijos: Pilar, José, María, Carmela, Joaquín y Purificación Gómez Martínez. El niño Joaquín Gómez partiría para Orihuela el 30 de noviembre de ese mismo año a continuar sus estudios en el Colegio de Jesús y María. Su tío, Diego Martínez Pareja, fallecía el 13 de febrero de 1923 a los 51 años.

Chimenea de la antigua fábrica del Gallego. Archivo Santos-Caballero

El 20 de septiembre de 1925 también perdía a su padre con 80 años de edad y en 1934 encontramos a Joaquín Gómez contribuyendo ya con su nombre por 30 pares de mazos de picar esparto y 4 ruedas de hilar en el Camino del Molino. En los nueve años anteriores la empresa contribuiría con el nombre del padre. Al año siguiente, el industrial ya es alcalde de Cieza por el partido radical de Lerroux y mantiene un periódico en Cieza “El Radical”, que genera feroces disputas políticas con “El Luchador”. Corrían tiempos muy difíciles a punto de estallar la guerra civil. En la madrugada del 15 de junio de 1936 se declara un incendio en su fábrica y muchos vecinos ayudan a sofocar el fuego. Las causas del siniestro no se llegaron a conocer y las pérdidas fueron de unas 75.000 pesetas. Justo entonces es condenado a 20 años por conspiración para la rebelión, pero al acabar la guerra él se encontraba en el bando vencedor.

Anuncio de la fábrica de esparto. Archivo Municipal de Murcia

Desde 1940 la política autárquica franquista favoreció el aprovechamiento y transformación industrial de las fibras textiles naturales producidas en territorio nacional, sustituyendo a otras importadas. Lo que produjo la instalación y desarrollo de muchas industrias del esparto en las dos décadas siguientes. Joaquín Gómez no se quedaría atrás. En 1943 instalaba en Albacete una fábrica de picar esparto de 10 bandas de cuatro mazos cada una, con una producción de 1.500 kilogramos en jornada de ocho horas. Esta industria emplearía maquinaria y materias primas nacionales. Fábrica que volvería a reabrir en 1952 con una producción de 450.000 kilogramos al año, seguramente condicionada por la demanda y las sucesivas crisis de esta fibra.

Máquina inventada por Joaquín Gómez. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas

El picado del esparto y otras labores manuales, como el rastrillado, eran peligrosas e insalubres y se imponía la mecanización, por lo que Joaquín Gómez patenta una laminadora de rodillos en mayo de 1951 que sustituía a los mazos de picar y mejoraba la producción y el trabajo de las picaoras. Además, en 1955 ampliaba la industria de Cieza invirtiendo un millón de pesetas para comprar una rastrilladora mecánica y siete ruedas de hilar, estimando una producción de 750 kilogramos diarios. Al año siguiente sustituye otros cuatro rastrillos manuales por dos accionados por motor, con un costo de millón y medio. Ese mismo año de 1956 la empresa es ya sociedad anónima, Joaquín Gómez Martínez, S.A., y registra la marca “La Sirena” para distinguir toda clase de conservas vegetales que producía en su fábrica del Camino de la Estación, justo donde en la actualidad se encuentra el Mercadona y donde todavía se mantiene su chimenea, que está declarada por el Ayuntamiento de Cieza como Bien de Interés Cultural. La misma marca también la registraba para espartería en general. La crisis del esparto de finales de los cincuenta le pasaría factura, disolviéndose la sociedad en Madrid por Junta General Extraordinaria del 1 de diciembre de 1959.

Artículo publicado por Pascual Santos López en El Mirador de la Prensa el 29 de enero de 2021, p. 17.

Antigua fábrica de conservas del Gallego. Archivo Santos-Caballero