Presentación en Granada de la revista Alhóndiga con nuestro artículo «Inventoras granadinas»

El 7 de marzo, se presentó en Granada la revista Alhóndiga, donde fuimos invitados por su directora Ana Sánchez Álvarez. En este número 43, dedicado a la mujer, participamos con nuestro artículo «Inventoras granadinas». Número que fue presentado en el Teatro Isabel La Católica, con una gala espectacular, ya que coincidía con el séptimo aniversario de la revista.

Aprovechamos el viaje para visitar algunos monumentos como el Hospital Real, donde se encuentra la fabulosa Biblioteca de la Universidad de Granada y también visitamos, en el día internacional de la mujer, la Casa de Mariana Pineda, mártir por la causa de la Libertad.

La familia Brunet Bingley en Cieza. Una historia industrial y humana

Manuela Caballero González

La investigación y divulgación de la historia cultural de la tecnología de nuestra localidad, que venimos desarrollando desde hace tiempo Pascual Santos y yo, nos ha dado muchas satisfacciones, arrojando luz sobre personas emprendedoras de Cieza. Los temas abarcan los más diversos ámbitos, y como es natural, uno de los más prolijos es la historia de la industria espartera. Y como no podía ser menos, para hablar de sus orígenes había que estudiar un nombre importante: Alfonso Brunet. Su intervención como pionero en la industrialización del esparto ya había aparecido en diversos escritos, aunque en realidad poco se sabía de su figura y su vida, empezando por su procedencia, siendo considerado de “naturaleza francesa”. Pero eso no nos desanimó, al contrario, fue un acicate para buscar en todo tipo de fuentes. Y fue precisamente el primer paso sobre su “naturaleza” el que nos dio la primera sorpresa: había nacido en San Sebastián. Y empezó una minuciosa investigación que nos ha llevado más de dos años entre el País Vasco y la Región de Murcia. Y como he dicho sólo fue el principio, y tuvo como conclusión el identificar y dar contenido a la historia de la primera fábrica de esparto de Cieza, que de forma detallada ya ha tratado Pascual Santos en este mismo medio. Pero el objetivo de este escrito es dar a conocer a otro personaje que nos deparó esta investigación, que bien puede ser considerada como la clave para empezar a “tirar del hilo”. Su nombre es Manuela Brunet Bingley y fue el hallazgo de su partida de bautismo en la Iglesia de la Asunción de Cieza la que aportó el dato vital, que no dejaba lugar a dudas de la procedencia de la familia. Por no hablar del inestimable hallazgo de que la mayor de sus hijas había nacido en nuestra ciudad.

Una partida de bautismo muy reveladora

Manuela Brunet Bingley nació en Cieza, Murcia, el 24 de mayo de 1868, a las diez de la noche y fue bautizada el veintisiete de ese mismo mes en la Iglesia de la Asunción “por el teniente de esa Parroquial, Don Lorenzo Hurtado”. En el documento consta que era “hija legítima de Don Alfonso de Brunet Bermingham y de Doña Dorotea Bingley Phillips; siendo sus abuelos paternos Don José Manuel de Brunet y Prat y Doña Manuela de Bermingham y Echagüe, estos y el padre naturales de San Sebastián, Provincia de Guipúzcoa, Obispado de Vitoria; y los maternos Don Carlos Guillermo Bingley y Doña Juana Phillips, estos y la madre naturales de Sheffield, condado de York en Inglaterra. Se le puso por nombre Manuela, María, Juana y fueron sus padrinos Don José Manuel de Brunet y Prat y Doña Manuela de Bermingham y en su representación Don Manuel Moxó y Doña Manuela Moxó, de Cieza. La relación entre las familias Moxó y Brunet fue muy estrecha durante su estancia en la villa.

Otro golpe de suerte fue la existencia de cartas enviadas por Brunet a su padre desde Cieza a San Sebastián durante la estancia de la familia en la villa. Cedidas por su tataranieta. En ellas podemos encontrar detalles de parte del tiempo que les tocó vivir aquí, concretamente se conservan trece cartas fechadas en Cieza entre noviembre y diciembre de 1870.

La estancia de la familia Brunet Bingley en Cieza

Sabemos que Alfonso Brunet estaba en Cieza en septiembre de 1867, junto con su esposa y su hijo Guillermo, que había nacido en San Sebastián en 1865. Poco después de su llegada nacería su primera hija. Junto a estos datos, las cartas también revelan detalles familiares, como los progresos de Guillermo que empezó a ir a la escuela en la villa, lo frio que era el invierno ciezano o los resfriados de la pequeña Manuela, que según decía era muy buena, así como los intentos de su hermano para que aprendiera palabras en inglés.

Su estancia coincidió con el Sexenio Revolucionario, con sus altibajos y convulsos acontecimientos no exentos de violencia en algunos casos. Tan sólo ocho días después de comprar la fábrica, el 18 de septiembre de 1868, comenzó la revolución conocida como La Gloriosa. Vivieron epidemias, el cambio de monarca, la guerra europea, todo influyó en el desarrollo de sus propios negocios. Habían llegado en los albores de la espartería, ya que hasta 1860 esta fibra se empleaba para realizar útiles agrícolas, servicio doméstico o cuerdas para amarre, todo ello de forma manual, lejos de los procesos industriales. Brunet empezó los primeros ensayos para mover los primitivos mazos con fuerza hidráulica y fabricar cordelería. Según se desprende de la correspondencia de 1870, a finales de ese año los negocios no iban del todo bien y Brunet estaba considerando volver a San Sebastián, como así ocurrió, ya que en noviembre de 1871 nació en la capital donostiarra su tercera hija, Elena.

Pero él siguió ligado a Cieza, ya que arrendó la fábrica unos años más y la vendió en 1880 a Joaquín Gómez Gómez y Antonio Marín Meneses. Por la escritura sabemos que contiguo al edificio fabril tenían “una casa y un huertecito”, casa que hemos podido ver en fotografías antes de que fuese demolida en el siglo XX. Debemos felicitarnos de que la fábrica corriera mejor suerte y haya llegado hasta nuestros días.

Alfonso Brunet retomó su vida en San Sebastián de donde fue concejal en 1876. Desafortunadamente, meses después de vender su fábrica, falleció, dejando viuda y tres hijos, Guillermo con 15 años, Manuela con 12 y Elena con 9.

Manuela Brunet Bingley, una ciezana en la distancia

Aunque la fotografía de Alfonso Brunet en la Cieza de 1867 fue importante, no fue la única que conseguimos para ilustrar nuestro trabajo, llegaron otras de los diferentes miembros de la familia y, por supuesto, pronto pudimos poner cara a nuestra protagonista. Y como la historia cultural de la tecnología no sólo trata de empresas, números o máquinas, sino también de las personas y circunstancias que la componen, también nos acercamos a conocer la figura de Manuela, quien, si bien abandonó Cieza muy joven, es una ciezana en la distancia, y gracias a la recuperación de su memoria hemos avanzado en el conocimiento de nuestra historia industrial, al tiempo que se han estrechado lazos entre lugares que nos pueden parecer muy distantes. Por todo ello creo que es interesante saber un poco más de su vida.

Tras la muerte de Alfonso, la familia recibió todo el apoyo del abuelo paterno, siendo Guillermo, quien ocupara el destino que le estaba reservado a su padre. Todos recibieron una completa y cosmopolita educación en España y el extranjero. París sería uno de sus destinos.

Manuela contrajo matrimonio en 1892 con Álvaro Calzado Arosa, perteneciente a una destacada familia de banqueros y artistas. Él había nacido en París, donde su padre, Adolfo Calzado, destacado periodista y banquero de ideología republicana, dirigía el grupo español de la Bolsa, entre otras muchas actividades, que le valieron un gran reconocimiento. La futura suegra de Manuela, María Arosa, procedía de una familia del mundo de la cultura y el arte de París, para hacernos una idea, su padre Gustavo Arosa, fue profesor y tutor de Paul Gaugin y su hogar era frecuentado por los más destacados artistas e intelectuales tanto franceses como españoles. La familia Calzado Arosa, que desde siempre había mantenido los vínculos con nuestro país, trasladó su domicilio a Madrid en 1884, estableciéndose en la calle de Orfilia, donde siguió con su activa vida social, allí acudía “lo más selecto de la sociedad”. Frecuentaban San Sebastián donde tenían importantes relaciones, entre ellas la familia Brunet.

En enero de 1892 el padre de su prometido pidió su mano, acontecimiento que recogió la prensa, anunciando que la boda de “la bellísima señorita doña Manuela Brunet y el distinguido Abogado don Álvaro Calzado y Arosa” tendría lugar el 9 de julio de ese mismo año. Prueba de esas relaciones tan importantes de ambas familias, es que el padrino fue “el ilustre tribuno D. Emilio Castelar” íntimo amigo de la familia Calzado.

Y tenemos más detalles, como que el enlace se celebró en la parroquia de Santa María en el barrio del Antiguo de San Sebastián, “la ceremonia, a juzgar por los preparativos, promete ser brillantísima, ya que la novia pertenece a una de las familias más distinguidas de la ciudad donostiarra. Según figura en la noticia, tras la boda saldrían de viaje para Biarritz y París. A partir de ese momento, Manuela fue parte activa de los actos sociales que llevaban a cabo, como por ejemplo la recepción que ofrecían a sus amigos todos los miércoles en “la preciosa villa Alma, de diez de la noche a la una de la madrugada” donde acudía lo más sobresaliente de la sociedad, así como “escritores y conocidos sportmen” y donde las damas de la casa repartían entre los asistentes regalos traídos expresamente de París.

Pero esos años dorados duraron poco y pronto tuvo que afrontar muchas pérdidas. Apenas despuntó el siglo XX, falleció su cuñada Rosario, le seguirían sus suegros entre 1909 y 1910, en 1916 perdería a su madre y la única cuñada que le quedaba, Alma, murió a los 40 años en diciembre de 1918. Aunque 1923 resultó ser todavía más doloroso, ya que en octubre murió su hermano mayor Guillermo y un mes después le siguió su esposo, el matrimonio no tuvo descendencia.

Álvaro Calzado había sido un activo político republicano y un periodista de reconocido prestigio. En enero de 1923 registró una marca para distinguir un periódico, cuya denominación era “Revista Económica”, tan sólo unos meses después fallecería, por lo que la marca fue transferida a Manuela Brunet Bingley, quedando registrada a su nombre en junio de ese año. También tuvo que hacerse cargo de otros negocios fundados por su suegro. Así junto con su sobrina política Dora, pasaron a ser gestoras de la sociedad Calzado y Compañía Sociedad General de Anuncios de España. Sus nombres figuran en los inicios de la gran fusión de las agencias de publicidad en España, ya que constan como representantes de dicha sociedad en la corporación empresarial Roldós-Tiroleses que se formó en diciembre de 1928. Pero también compartían mucho más que intereses comerciales.

La Parroquia de la Asunción guarda otro dato importante

Como hemos dicho, Manuela no tuvo hijos, pero existió un vínculo especial con su cuñada Rosario o más concretamente con la hija de ésta, Dorotea.

Rosario se había casado en octubre de 1900, con Antonio Quintero Atauri. El matrimonio tuvo sólo una hija, Dorotea (Dora) que quedaría huérfana apenas nacer, ya que su madre falleció en noviembre de 1901 y perdió también a su padre en 1913. Aunque su tutor legal fue su tío, el prestigioso arqueólogo Pelayo Quintero, los lazos que mantuvo con sus tíos maternos Álvaro y Manuela fueron muy estrechos. Así encontramos que cuando Dora se casó con el abogado José Lapuerta y de Las Pozas en 1926, el padrino fue su tutor y la madrina su tía Manuela Brunet de Calzado, ya viuda y fue en su casa donde “la concurrencia a la boda fue obsequiada con un espléndido te”. Y hay más certezas de esa cercanía, y una de ellas nos la proporcionó precisamente la información anotada al margen de la partida de Bautismo de Manuela. En ella se puede leer: “Por Escritura pública otorgada ante el Notario de Madrid don Alejandro Santa María Rojas en nueve de junio de 1947, adoptó legalmente a su sobrina Doña Dorotea Quintero Calzado, la cual podrá usar desde ahora los apellidos de la adoptante”.

Gracias a sus descendientes tenemos el retrato de la protagonista de este artículo. Manuela Brunet Bingley, nacida en Cieza, en mayo de 1869, murió en Madrid en abril de 1954. Si queréis conocer más datos podéis encontrarlos en la Revista Andelma nº 31.

El legado de Alfonso Brunet para Cieza

A partir de los primeros hallazgos, establecimos contacto con familiares que nos proporcionaron documentos y junto con lo recopilado por nosotros en una posterior visita a diferentes archivos de Guipúzcoa, pudimos completar un episodio importante, tanto para Cieza como para la propia familia, ya que, según nos manifestaron, descubrieron muchos aspectos desconocidos, lo que ha avivado su curiosidad para conocer la localidad. Ellos nos han aportado la que podría ser la fotografía más antigua de Cieza hasta el momento, la de Alfonso Brunet cerca de su fábrica y con el Convento de las Monjas Clarisas al fondo, fechada en 1867. Gracias a todos. Conocer mejor la figura de una de los artífices de esta investigación ha resultado interesante, pero lo más importante sin duda, es que la fábrica sigue en pie, como testigo de ese pasado industrial. Con todos estos datos y evidencias, podemos decir que contamos con un elemento patrimonial e histórico único. El inmueble, que ya tiene 156 años, puede admirarse desde el cauce y completaría un entorno con gran potencial: el parque Tíjola, el Molino Capdevila, entre otros vestigios. Sus orígenes nos hablan del Molino de la Inquisición o de una fábrica de luz, por ejemplo. La completa información que hemos recopilado da un gran valor al inmueble que se encuentra en condiciones de ser recuperado, y su actual dueño comparte esta disposición, para disfrute de escolares y público interesado en la historia industrial, no sólo local, nos atrevemos a decir que nacional e internacional.

Figura 1.- Manuela Brunet de joven. Cortesía de Margarita Lapuerta Quintero

Figura 2.- Manuela Brunet en su madurez. Cortesía de Margarita Lapuerta Quintero

Figura 3.- Foto del exterior de la fábrica. Archivo Santos-Caballero

Figura 4.- Foto del interior de la fábrica. Archivo Santos-Caballero

Este artículo fue publicado por Manuela Caballero González en Crónicas de Siyasa, pp. 10-11 y en El Mirador el 4 de agosto de 2023, pp. 12-13 y en Cieza en la Red el 5 de agosto de 2023.

Alfonso Brunet y la primera fábrica de esparto de Cieza

Pascual Santos López

Corrían años convulsos y España se dirigía de lleno hacia el periodo conocido como Sexenio Revolucionario. Cieza contaba con recursos hidráulicos, excelente materia prima y capacidad de transporte, pues el ferrocarril funcionaba desde 1864. Lo que atrajo la atención de industriales emprendedores con la intención de satisfacer la demanda británica de esparto para papel, en aquellos años en auge.

El 10 de septiembre de 1866 el francés José Poirson Cosson, vecino de Bar-le-Duc, en el departamento de Meuse, con la ayuda del concejal del Ayuntamiento de Cieza, José Camacho García, firmaba con los dueños del Molino del Río las escrituras de convenio, permiso para construir una fábrica de elaborar esparto, constitución de servidumbre de acueducto, cesión y fianza con hipoteca.

Los dueños del molino harinero, situado en el Camino del Molino, eran: Mariano Marín Blázquez, los hermanos Juan y Piedad Yarza Marín y una pequeña parte de Ana Angosto Aledo, que le había legado su tía Juana Falcón Piñero. El molino contaba con dos piedras corrientes con toda su maquinaria, además de tres tablachos: dos para la entrada de las aguas a cada piedra y el otro para desaguadero principal del cauce, dos caballerizas contiguas a dicho molino, los ejidos de este y una suerte de tierra que lindaba con el mismo y estaba situada debajo del molino.

En la escritura quedó constancia de que los dueños del molino movidos por el deseo patriótico de que se desarrollara en Cieza la industria fabril y comercial, que tanto contribuiría al aumento de la riqueza pública, convinieron con el industrial francés que pudiera establecer una fábrica para elaborar esparto y para ello convinieron en ceder para siempre el sobrante de las aguas del indicado molino al señor Poirson, para que las aprovechara como motor en la fábrica que trataba de establecer, siempre que cumpliera ciertas condiciones: que la fábrica no fuera de harina ni molino harinero; las nuevas obras en la presa y el cauce, como su conservación y reparación serían por cuenta del señor Poirson, además de las mondas, limpias y daños a las propiedades colindantes por causa de las aguas y nuevas construcciones; el molino no podía sufrir perjuicio ni daño alguno en el caudal ni en la salida de sus aguas; si se abandonaran las obras cesarían las obligaciones del contrato, sin que pudiera reclamar ningún gasto que hubiese realizado, debiendo dejar el Sr. Poirson en buen estado la presa y cauces; para nuevas construcciones debían ponerse de acuerdo los dueños del molino y la fábrica y, por último, solo se podría levantar el tablado del gallardo los domingos, en caso de avenidas o cuando lo creyeran necesario los dueños de la fábrica.

Para garantizar la confianza de los dueños del molino, el señor Poirson debía presentar una fianza en bienes raíces con hipoteca voluntaria hasta 20.000 reales, cuya hipoteca subsistiría hasta que los dueños del molino se convencieran que la fábrica que se construyera sería suficiente para hacer frente a sus obligaciones. Esa hipoteca la resolvió el señor Poirson presentando como fiador a José Camacho García, que establecía hipoteca voluntaria sobre siete tahúllas y media de tierra de riego que poseía en Barratera, que todos los interesados tasaron, de común acuerdo, en la cantidad de 20.000 reales, hasta que se sustituyera la hipoteca con la fábrica que había de construirse. Aunque por circunstancias que ignoramos, Poirson abandonaría su proyecto justo un año después de firmar la escritura.

Alfonso Brunet Bermingham

Alfonso Tomás José Brunet Bermingham nació en San Sebastián el 19 de octubre de 1837, hijo de José Manuel Brunet y de Manuela Bermingham. Estudió la enseñanza secundaria en Inglaterra donde conoció a su futura esposa, Dorotea Bingley Phillips y con la que se comprometió antes de dirigirse a realizar la carrera de ingeniero civil en Francia. Al terminar sus estudios volvió al Reino Unido donde los novios contrajeron matrimonio sobre 1861.

Sus primeros trabajos fueron en la construcción del ferrocarril de París a Lisboa, ciudades en las que el matrimonio residió de recién casados, además de tener su residencia en San Sebastián, Avenida de la Libertad nº 20, en un edificio en el que residía la familia y donde estaba situada la Banca Brunet.

Tras su periplo por diferentes ciudades europeas, Alfonso se trasladó con su familia a Cieza, donde ya podemos localizarlo en 1867, porque ese año firma aquí la escritura de su fábrica. Su hijo mayor, Guillermo, había nacido en San Sebastián el 26 de agosto de 1866 y el 24 de mayo de 1868 nació en Cieza su hija Manuela. La familia permaneció aquí unos años más, posiblemente hasta el nacimiento de su última hija, Elena, que tuvo lugar en noviembre de 1871 en San Sebastián. Aunque Alfonso siguió teniendo intereses y propiedades en Cieza hasta 1880.

La familia Brunet fue una importante saga de comerciantes, banqueros, políticos e industriales que llegó a San Sebastián a finales del siglo XVIII, procedente de Copons en la provincia de Barcelona, y que promovió numerosas industrias entre 1841 y 1876, como fueron: una papelera en Tolosa en 1841; la industria de hilados y tejidos de algodón de Lasarte-Oria en 1845; la Compañía de Tranvía de San Sebastián en 1866, la Empresa del Alumbrado de Gas en 1869; una fábrica de botellas de vidrio; una fundición y construcción de maquinaria y la promoción del Casino y Ensanche de San Sebastián. No es extraño por tanto que los intereses familiares trajeran a Cieza a Alfonso, donde puso en marcha su fábrica de esparto en 1867.

Una fábrica para Cieza

El 10 de septiembre de 1867, Alfonso Brunet compraba, por 8.000 escudos, al apoderado del señor Poirson, Ernesto Le Bailly, una casa, situada en el Camino del Molino, nº 5, con un huerto adyacente de dos tahúllas y algo más, en cuyo terreno se había comenzado a construir una fábrica de esparto, además del derecho a retirar las aguas necesarias tomando las del cauce propio del Molino del Río. La fábrica tenía 33 metros de largo por 14 de ancho, necesarios para montar la máquina que sirviera para mover los batanes de picar esparto, gracias a las aguas adquiridas, aunque el edificio se encontraba sin concluir y las obras interrumpidas por circunstancias que no se explicaban.

No sería fácil instalarse en Cieza con su mujer inglesa y su hijo pequeño, Guillermo, y acabar la fábrica con todo lo necesario para comenzar a picar el esparto y hacer cordelería. El 14 de abril de 1868 Brunet solicitaba al Ayuntamiento permiso para construir balsas de cocer esparto en la rambla de la Fuente del Judío, distante de la población una legua, con el agua que bajaba constante en todo tiempo de las vías férreas. El 10 de mayo se acordó en sesión extraordinaria concederle el permiso para establecer los cocederos de esparto con aguas corrientes, sin permitir estancamiento alguno, debido a posibles enfermedades y siempre que fuera a una distancia mínima de 200 metros de la vía férrea, rambla arriba. Le prohibieron la cocción en los meses de agosto, septiembre y octubre de cada año, por ser época propia para el desarrollo de las calenturas intermitentes.

También necesitaba espacio para las carreras de hilado y corche por lo que tenía arrendado un terreno aledaño a la fábrica que llamaban el sitio de la glorieta en el antiguo camino de Madrid, por el que pagaba 102,50 pesetas al año. Tenía bastante mecanizada la fábrica gracias a la fuerza hidráulica, pues contaba con tres máquinas de hilar, tres cardas para esparto movidas por agua y un batán con 16 mazos de picar esparto, también movidos por agua.

La producción de esparto

La demanda masiva de esparto para fabricar papel se inició en 1861 y aumentó en los años siguientes. Además, entre los objetivos de la familia Brunet estaba la fabricación de alpargatas o productos manufacturados para los fabricantes de alpargatas, ya que en 1888 la empresa registraba la patente de una máquina para hacer trenza de calzado y la lona de algodón también la hacían ellos en su fábrica de Lasarte-Oria. Aunque la situación política en España y la guerra franco-prusiana no ayudaban.

Parte de las actividades de Brunet en Cieza a finales de 1870 han llegado hasta nosotros gracias a unas cartas cedidas por su tataranieta. En ellas informaba a su padre José Manuel Brunet y Prat de diferentes asuntos. El 2 de octubre de 1870 esperaba poder realizar un cargamento de esparto para finales de ese mes, pues el negocio con el comerciante de Cartagena, señor Pelegrín, lo tenía seguro, aunque no podía enviar esparto a Francia debido a la guerra franco-prusiana.

El 14 de noviembre le decía a su padre que había enviado a San Sebastián 500 kilos de cuerdas y 250 kilos de sogas para un cliente, Goitia, y también fabricaba crin vegetal de esparto, pues había enviado 100 kilos para otro cliente, Barandiarán. En unos días concluiría un nuevo cargamento de esparto. Pensaba que el cliente quedaría muy satisfecho con el género, pues era muy bueno y esperaba que esa relación le reportara un cargamento mensual.

El 27 de noviembre había remitido a Pelegrín 5.500 quintales de espartos muy buenos y pensaba que los clientes quedarían muy satisfechos. Al día siguiente iría a Cartagena a visitar a Pelegrín, para ver cómo estaban apilados los espartos. Para el 30 de noviembre habían llegado a Cartagena los dos buques de Manuel Pelegrín y otro comerciante, que cargarían los once mil quintales de esparto que había remitido desde septiembre. Decía que Cartagena era muy importante para los negocios familiares, pues había mucho movimiento de espartos, plomos, minerales y carbón, tanto es así que allí vio unas 30 fragatas y corbetas cargando.

El 14 de diciembre habían llegado los correos de cinco días atrasados por las enormes nevadas. Tenía carta del 10 de Le Bailly, que estaba desesperado por la situación de su país y la guerra. Tenía también carta de la señora Pelegam de New Castle, con quien creía haría varios cargamentos de esparto, que le hacían falta.

La última carta del 29 de diciembre decía que había nevado un poco en Cieza y muchísimo por Hellín y Chinchilla. Había recibido carta de su hermano Pepe y le decía a su padre que le comunicara que estaban haciendo las sogas como él las quería. Al final de la carta había unas letras a lápiz del nieto al abuelo “Memorias de Billy”.

Patrimonio industrial de Cieza

La fábrica se arrendó en 1875 al Sr. Similiano L. del Castillo. Pero el 16 de enero de 1880 se vendió a Joaquín Gómez Gómez, vecino de Abarán y Antonio Marín Meneses, notario de Cieza, gracias a un poder especial firmado por Brunet en San Sebastián el 13 de enero de 1880 al vecino de Cieza, Cristóbal Carrión Pérez, para que pudiera realizar la escritura de venta real de su fábrica de majar esparto, con todos sus útiles y herramientas, una casa y un huerto, todo contiguo a la fábrica, formando una sola propiedad. El precio fue de 25.500 pesetas.

Gracias al detalle de una foto de Cieza, realizada por J. Laurent y Cía., entre 1870 y 1871, coloreada digitalmente por el artista ciezano Tete Lukas, sumado a planos y otros datos, podemos decir que la fábrica de esparto construida por Brunet sigue en pie todavía; pues simplemente comparando la estructura de la cubierta y el óculo de la fachada de la fábrica podemos apreciar que coinciden con la nave que se encuentra actualmente en el Camino del Molino. La cubierta fue elevada en una obra posterior, pero se mantiene la estructura, fachada y óculo del edificio original.

Para concluir dar las gracias a la familia Brunet. Emplazar al público a que lean una versión más amplia del artículo realizado en la revista Andelma nº 31 por Manuela Caballero y yo y decir que Alfonso Brunet puso en funcionamiento su fábrica desde 1867 hasta 1880, dando trabajo a Cieza e iniciando una industria que seguiría manufacturando esparto hasta los años sesenta del siglo XX. Primero en manos de su director, Joaquín Gómez Gómez, y después en las de su hijo Joaquín Gómez Martínez, alias “El Gallego”, y la que podemos disfrutar en la actualidad. Fábrica que reivindicamos como patrimonio industrial de nuestra ciudad y sobre la que hacemos un llamamiento a los responsables de patrimonio de Cieza para que la pongan en valor con el simple hecho de realizar una pasarela de madera sobre el cauce y limpiar su entorno. De esta manera se podría incorporar a las rutas educativas e itinerarios de turismo cultural de la ciudad.

Figura 1: Alfonso Brunet Bermingham. Cortesía de la familia Brunet

Figura 2: Alfonso Brunet en Cieza en 1867. Cortesía de la familia Brunet

Figura 3: Detalle de la fotografía de Cieza en 1871 de Laurent, coloreada digitalmente por el artista Tete Lukas

Figura 4: Detalle de la fábrica de Brunet en 1871 tomada de la obra de Tete Lukas

Figura 5: Fábrica de Brunet en la actualidad. Archivo Santos-Caballero

Este artículo fue publicado en Crónicas de Siyasa el 29 de junio de 2023, en Cieza en la Red el 1 de julio de 2023 y en El Mirador el 29 de junio de 2023.

Espartos Santos, un éxito industrial en crin vegetal

Pascual Santos López

Uno de aquellos valientes que formaron pequeñas empresas en tiempos de crisis, llamadas boliches, fue José Santos Fernández. Nació el 7 de marzo de 1921 en Cieza y como muchos niños ciezanos que aprendieron los diferentes oficios de la industria del esparto comenzaría a trabajar como menaor. Hombre inquieto y trabajador pronto dominaría las técnicas del esparto y en la crisis de principios de los cincuenta, por el año de 1952, decidió instalarse por su cuenta con varias ruedas de hilar esparto justo donde ahora está el Lavadero Cieza, frente al Instituto Diego Tortosa.

En 1955 se anunciaba con su nombre en la revista de la Feria y Fiestas de Cieza para producir hilados, cordelería y trenzados de esparto y cáñamo. Al año siguiente lo encontramos trabajando con tres ruedas de hilar esparto. Pero las sucesivas crisis del esparto hicieron que muchas grandes empresas no pudieran dar trabajo a sus hiladores y las pequeñas empresas de hilaturas también lo tenían muy difícil, por lo que había que renovarse y buscar nuevos mercados que dieran salida a la materia prima ciezana.

Precisamente, José Santos buscaba diferenciarse y encontrar la manera de producir de una forma continuada, para ello se asocia con Salvador Sánchez Rodríguez (el Cocina) y el 25 de enero de 1957 solicitaba en la Delegación de Industria de Murcia permiso para instalar una industria de rastrillado mecánico de crin vegetal con una producción aproximada de 25.000 kilos anuales y un valor estimado de 45.000 pesetas. La materia prima consignada en la solicitud fue el palmito. 30.000 kilos anuales de hoja de palmito con un costo de 25.000 pesetas, aunque seguramente después utilizaría el esparto en su mayor parte. En la autorización de Industria del 5 de diciembre de 1957 pone que la materia prima era palmito sólo y exclusivamente, debido a que el esparto estaba intervenido y el Servicio Nacional del Esparto regulaba su comercio, que en ese momento estaba atravesando una profunda crisis.

El mercado al que iba destinada la producción era el abastecimiento de la industria de guarnicionería y tapicería. Recordemos que la crin vegetal se utilizaba, y se sigue utilizando, aunque en menor cantidad, como relleno en sofás, sillas, sillones, canapés, sillas de montar y accesorios. La fibra vegetal provenía básicamente del cáñamo, esparto y palmito, todas ellas de producción nacional. Nosotros conocemos más el esparto, pero en Andalucía existieron muchas fábricas de crin vegetal procedente de las hojas de palmito en los años cuarenta y cincuenta. Además, el palmito es la única palmera autóctona de la Península y se encuentra en las regiones secas de la costa mediterránea, sobre todo en Andalucía, Región de Murcia, Comunidad Valenciana e Islas Baleares.

La industria fue instalada en la Avenida del Caudillo, hoy Camino de Murcia, justo donde se encontraban las casas de Venta Eritaña, que era un Café Bar de Isidoro Peñalver donde también se expendía gasolina y que ahora es donde está la Panadería Repostería Pilar, al lado del recinto ferial. El capital total de la empresa era de 15.000 pesetas y se instalaría un rastrillo mecánico para crin vegetal, accionado por motor eléctrico de 2 CV, con un costo de 10.000 pesetas. El personal necesario para el funcionamiento de la industria era de dos obreros, trabajando los 365 días del año en un turno de 8 horas.

Una nueva crisis del esparto en 1966 hace que se separaran los dos socios y José Santos se instala en un bajo de la calle Fulgencio Serra. Su hijo, Juan Santos Alcolea, se une a su padre después de haber estado trabajando un par de años en talleres de Cieza, donde adquiere conocimientos de maquinaria. Por aquellos años, el tirón de la construcción demandaba crin vegetal para escayolas lo que favoreció que Juan Santos pudiera adquirir su primera nave de 600 metros cuadrados en el Camino de la Fuente y allí se trasladaron padre e hijo con su negocio en 1968.

El fuego siempre fue el enemigo principal de las empresas que trabajaban las fibras del esparto por lo que en marzo de 1978 encontramos a Juan Santos Alcolea, junto a otros empresarios ciezanos, participando en el “I Curso de Extinción de Incendios en la Industria del Esparto”, que fue organizado por el Gabinete Técnico Provincial de Higiene y Seguridad de Trabajo y trató sobre las materias de extinción de incendios, primeros auxilios y electricidad; además de incluir una demostración práctica a cargo de la empresa de extintores Areo-Feu y el Parque de Bomberos de Cieza. En el curso participaron 40 personas de diferentes empresas locales, además de Juan Santos Alcolea, asistieron: Boyer y Piñera, Arlex Ibérica, Manufacturas Mecánicas de Esparto, Josefa Moreno Argudo, Industrias de Hilaturas Reunidas, Hilaturas Egea y Juan Montiel Ríos, entre otras.

Con esfuerzo y trabajo la empresa fue ampliando y modernizando sus instalaciones y maquinaria. Se incorporan otras fibras, como sisal y yute y nueva maquinaria: cardadoras, rastrillos, laminadora de majar esparto, trenzadoras, etc. Gracias a la mecanización, ampliación y diversificación de mercados la industria compra otros 600 metros cuadrados más, justo antes de que muriera José Santos Fernández el 1 de marzo de 1989. Al año siguiente une más superficie y construye una nave de 3000 metros cuadrados.

El 30 de junio de 1994 Juan Santos solicitaba registrar la marca Espartos Santos, para distinguir fibras de esparto y sisal para escayolas y cordelería. El diseño de la marca era una E y una S entrelazadas, en colores blanco, verde y fondo rojo y la leyenda Espartos Santos. Marca que le concedían el 20 de octubre de 1995.  

A partir del año 2000, ya con la incorporación de los tres hijos de Juan Santos, siguieron ampliando, comprando parte de la industria Boyer y Piñera, la Lechería de Juan y últimamente el Bolo Loko, hasta llegar a unos 15.000 metros cuadrados en total. En la actualidad, Espartos Santos se postula como una empresa moderna con el objetivo de potenciar, actualizar y mantener el uso de las fibras naturales, esparto, sisal y yute, frente a los productos sintéticos. Exporta más del 80% de su producción, sobre todo a empresas dedicadas al sector de la construcción.

Según su página web, Espartos Santos mantiene una política de respeto al medio ambiente con planes de recogida y conservación de plantaciones para asegurar el mantenimiento de los ecosistemas y produce sin la intervención de agentes químicos. Además, fabrica y comercializa una amplia gama de productos, tales como: esparto rastrillado cocido para escayola, sisal blanco rastrillado (pita), yute rastrillado para escayola, fibra de sisal, esparto rastrillado en manadas, esparto agrícola, hilados de esparto, cordelería de sisal, hilados y trenzados de yute, suelas de yute para alpargatas, cordelería de algodón y estropajo. Desde aquí agradecer su colaboración a Juan Santos Alcolea y David Santos Saorín por sus recuerdos y material aportado.

Figura 1: José Santos Fernández. Cortesía de su nieto David Santos Saorín

Figura 2: Anuncio de José Santos Fernández en 1955. Archivo Santos-Caballero

Figura 3: Marca registrada de Espartos Santos. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Figura 4: Laminadora de esparto en la actualidad. Cortesía de David Santos Saorín

Figura 5: Línea de trenzadoras de yute en la actualidad. Cortesía de David Santos Saorín

Este artículo fue publicado en Crónicas de Siyasa el 28 de mayo de 2023, en Cieza en la Red el 26 de mayo de 2023 y en El Mirador el 2 de junio de 2023.

Mujeres ingeniosas. Descubriendo a las inventoras murcianas en Abarán

El miércoles 8 de marzo Manuela Caballero impartió la conferencia Mujeres ingeniosas. Descubriendo a las inventoras murcianas, como parte de los actos conmemorativos del día de la mujer organizados por el Ayuntamiento de Abarán y la Biblioteca José Vargas Gómez. Asistió el alcalde, concejales, responsable de la biblioteca y numerosas personas que hicieron posible un entrañable encuentro. Agradecemos su cálida acogida y disfrutamos mucho con el entrañable público de Abarán en el acogedor rincón violeta que invita a la convivencia. Todo un acierto.

Bernardo H. Brunton, un pionero en la industrialización de la Región de Murcia

El jueves 2 de marzo se celebró la segunda conferencia sobre las empresas y patentes de invención de Bernardo Brunton. Disfrutamos de una velada especial ya que los asistentes, entre los que se encontraban familiares del protagonista y representantes del ayuntamiento de Abaran, fueron muy participativos en el interesante debate que surgió tras la charla. Gracias al Ayuntamiento y la Biblioteca de Abaran por promover la divulgación. Gracias también a Salvador de Radio Abarán que ha grabado las conferencias completas y podéis ver en su página web.

Aquí dejo un resumen de la charla:

Sabemos que Brunton vino a instalar la central eléctrica del Menjú en 1896 con 24 años, pero ¿por qué se quedó aquí?, aparte de que encontrara a su esposa Carmen Trigueros, ¿realmente la Región de Murcia ofrecía oportunidades de negocio para que un joven ingeniero industrial se afincara en nuestra comarca? Responderemos a esta pregunta analizando el contexto de la situación industrial y económica de nuestra región a finales del siglo XIX.

A partir de 1840 se inicia una verdadera “fiebre minera” que realiza un efecto llamada de capitales. Este dinamismo se propaga a otros sectores como el textil, agrícola, alimentario, vidrio y construcción. A la provincia de Murcia acuden los técnicos más cualificados y mejor preparados.

Existen numerosas industrias auxiliares como la fundición, fábrica de camas y maquinaria de Francisco Peña Vaquero en Murcia, de la que todavía queda en pie la bella fachada en el Barrio del Carmen, y la Primitiva Murciana, fundición y taller de construcción de maquinaria de la familia Monzó en Murcia.

En el sector de la electrificación también se aprecia un gran dinamismo e inversión nacional y extranjera entre la última década del siglo XIX y la primera del XX.

Después de acabar la ingeniería, Brunton empezó a trabajar para la Crompton & Co. Empresa con la que Juan Marín contrataría el generador eléctrico que Brunton instaló en 1896 en el Menjú, propiedad de Juan Marín.

La primera prueba del alumbrado tuvo lugar el 2 de marzo de 1896. Tras el éxito de la prueba, se llevaría a cabo el alumbrado público de Cieza y Abarán, que se iría ampliando progresivamente.

En 1898 Brunton con 26 años formaba dos sociedades con el abogado Juan Marín y José Grau Barceló. La primera de ellas fue la sociedad regular colectiva, titulada “Marín, Brunton y Grau, SRC”, para la explotación del majado de espartos y fabricación de todo tipo de manufacturas de esta fibra. La segunda “Marín, Brunton, Grau y Compañía, SRC”, fue constituida el mismo día y su objeto era la fabricación de tejidos de lana y algodón de todas clases.

En 1898 Brunton funda también su taller de construcción de maquinaria de todo tipo, ajuste y fundición. Se dedica sobre todo a la mecanización de la industria espartera.

Además de maquinaria industrial también fabricaba infraestructuras y fue taller de automoción, concesionario de la Ford.

Brunton también fue fabricante de esencias durante al menos 10 años entre 1905 y 1915 y dio trabajo en la comarca a unos 300 obreros en épocas de crisis.

Además, registró seis patentes sobre esparto entre 1909 y 1917, las primeras de entre las 100 que se registraron en Cieza, Abarán y Blanca, en un periodo que va desde 1909 hasta 1973. Sus patentes se dedicaron tanto a los procedimientos de hilatura mecánica del esparto como a mejorar el majado mecánico. Fue un avanzado a su tiempo porque en los años 60 se impusieron las máquinas de cilindros, que llamaban la lona.

En 1913 Brunton y Luis Anaya, con la participación de accionistas catalanes fundaron la sociedad “Manufacturas Mecánicas de Esparto, S. A.” cuyo domicilio social estaba en Barcelona y el centro fabril en Cieza. Contó con una excelente mecanización de la industrialización del esparto, llegando a la obtención de hilo mecánico.

En 1917 funda Buitrago y Compañía, SRC con Diego Buitrago Guirao, cuyo objeto era la acuñación y fundición de medallas y demás objetos similares. Duraría solo dos años.

En 1913 Brunton y Anaya también formaron la Sociedad Mercantil Regular Colectiva Brunton y Anaya, cuyo objeto era la explotación de patentes industriales. El mismo año que patentaron conjuntamente “Una caja repartidora de un cierto número de monedas con intervalos de tiempo determinados”, un cajero automático con forma de caja de caudales que contenía una serie de tubos verticales de diferentes diámetros donde se alojaban las monedas del sueldo mensual o quincenal y que, gracias a un reloj despertador, a la hora designada, se descorría un cerrojo y se podía deslizar una placa corrediza que contenía las monedas para el gasto diario de la casa o del pequeño comercio. Con este invento pretendían favorecer el ahorro familiar.

El 26 de junio de 1913 también registraron la marca Autocajero, justo tres meses después de haber patentado el cajero automático.

El “ambicioso” fin del cajero es recogido en la patente por los propios inventores: «Con este invento se evitará la ruina, la destrucción de la familia y la corrupción de la sociedad. Además, el uso de esta caja educará a las generaciones futuras enseñándoles el camino del ahorro, principal elemento de las familias y de los pueblos que quieren llegar a ser grandes».

Su idea era comercializarlo a gran escala, tal como queda acreditado en los cientos de placas que acuñaron para ser adosadas a los aparatos donde figura que tienen “solicitadas patentes en todos los principales Países del Mundo”. El concesionario exclusivo para España era Matths Gruber. Otra prueba de que intentaron comercializarlo a gran escala y de que le dieron publicidad es que han aparecido cuatro postales, propiedad de la familia Anaya, con las fotos de un cajero renovado, más moderno y con un diseño diferente, que en la actualidad llamaríamos vintage.

Excelente conferencia en Abarán sobre Brunton, su familia y la sociedad del cambio de siglo

Ayer tarde 28 de febrero en la Biblioteca de Abarán pudimos disfrutar de la conferencia de Manuela Caballero, titulada “Bernard Haslip Brunton. La trayectoria vital de un ingeniero británico en la Región de Murcia”. La historiadora nos habló de la biografía de Brunton, su llegada a Cieza para instalar, en 1896, la Fábrica de luz San Antonio del Menjú, que proporcionó el primer alumbrado eléctrico a Cieza y Abarán. Además de la formación de su familia con Carmen Trigueros y la vida social, cultural y deportiva en el cambio del siglo XIX al XX.

La conferencia fue muy amena y rigurosa desde el punto de vista histórico, con una excelente presentación y abundancia de fotos de archivos familiares y públicos. Entre el público pudimos conversar con algunos descendientes de la hija de Arturo Brunton, que forman la rama García Brunton de Abarán y Javier Núñez, de la rama Núñez Brunton de Blanca que nos acompañaron y quedaron sorprendidos por la exposición y la conferencia.

Recordemos que el ciclo consta de dos conferencias que se imparten con motivo de la exposición en Abarán del proyecto “Huellas de la europeización en la Región de Murcia”, que se puede ver en  la Biblioteca D. José Vargas Gómez, edificio CIMA de Abarán, hasta el 23 de marzo. La siguiente será mañana 1 de marzo, con el título “Bernardo H. Brunton, un pionero en la industrialización de la Región de Murcia”, que será impartida por mi a las 20,00 horas.

Se ha presentado el número 73 de la revista Canelobre, titulado Made in Alicante

Esta mañana en el MARQ se ha presentado el monográfico número 73, correspondiente al año 2022, de la revista Canelobre, con el título Made in Alicante, donde han colaborado más de 80 autores y entre ellos Manuela y yo con nuestro artículo «Inventiva e innovación en la provincia de Alicante a través de sus patentes históricas (1878-1966)».

Los coordinadores del monográfico son Verónica Quiles y David Beltrá, responsables del Museo Comercial de Alicante y Provincia, que han trabajado lo suyo para sacar este número adelante, con una cuidada selección de material gráfico que pone en valor las colecciones de este museo.

Publicación a todo color con 610 páginas y fotografías basadas, sobre todo, en los fondos del Museo Comercial de Alicante y Provincia. Una prestigiosa publicación del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, que la edita anualmente, gracias a la Diputación de Alicante, y que está apostando por difundir la Historia Cultural, Industrial, Comercial y Económica de Alicante, con una proyección nacional e internacional. Enhorabuena.

Antonio Guardiola Aroca, un esforzado industrial en plena crisis del esparto

Pascual Santos López

Cada día que pasa se hace más difícil encontrar la memoria viva de la industria del esparto en las personas que forjaron el pasado de nuestra ciudad. En este caso, gracias a su hija Manuela Guardiola que me puso en contacto con su padre, he tenido la suerte de encontrar a uno de los protagonistas de la historia industrial de Cieza, que con una memoria lúcida a sus 95 años nos ha contado su vida con todo lujo de detalles. Desde este foro agradecer a Antonio, su esposa y sus hijos su ayuda por los recuerdos y documentos aportados.

Antonio Guardiola Aroca, conocido como “El Rojico”, nace en Cieza el 3 de diciembre de 1927 en el seno de una familia humilde de la calle del Cid. Su padre Joaquín era rastrillador, aunque ejerció otros oficios como empleado del Hotel Segura y sereno, hasta que el Ayuntamiento eliminó ese servicio. Su madre Manuela se ocupaba de la casa y cinco hijos, aunque el primogénito murió a los pocos meses de nacer por culpa del sarampión. Antonio fue al colegio del Santo Cristo donde aprendió las primeras letras con don José Garro. Al estallar la guerra, cuando tenía seis años se suspendieron las clases y acompañaba a su hermano a trabajar como hilador de esparto, ayudándole en sus tareas.

Después, recuerda haber asistido a la Escuela Graduada, donde su maestro era don Antonio Mamoreta, del que guarda un bello recuerdo. Como la situación económica en casa no era buena dejó de asistir a la escuela y ganaba algún dinero vendiendo periódicos o novelas por entregas de la Editorial Bruguera, de las que hacía suscripciones. Pero a los 11 años, como tantos niños ciezanos, comenzó a trabajar de “menaor” moviendo la rueda (mena) en la empresa de Antonio Zamorano Fernández, que estaba ubicada en el desaparecido Cabezo Cirujano, en el cruce del Camino de Madrid y el Camino de la Estación, frente al actual Mercadona.

El maestro de hiladores lo sacó de mover la rueda y lo puso a barrer la carrera y, como era chico avispado, enseguida aprendió el oficio de la hilatura haciendo el trabajo de un hombre con solo 14 años. Pasó el tiempo y Antonio se hizo un buen hilador, hasta que se fue al servicio militar a Palma de Mallorca el 11 de abril de 1949. Cuando volvió, en agosto de 1950, comenzó a faltar el trabajo y algunas empresas grandes empezaron a cerrar, por lo que había semanas que trabajaban sólo dos días. Algunos hiladores formaban pequeñas empresas que llamaban boliches. Otros hiladores, que no tenían dinero para comprar esparto picado o rastrillado, como Antonio, ofrecían su trabajo a cualquier empresa en los días que faltaba, yendo de aquí para allá con sus herramientas: la cruz, el ferrete, el urdidor, por eso decían que iban con la cruz a cuestas. Zamorano les dejaba que sacaran la herramienta de la empresa los días que no tenían trabajo.

Antonio pensaba ya en casarse con su novia Joaquina Villa Haro y le pidió a su futuro suegro, que tenía unas tierras en el Argaz, montar un espacio para la carrera de hilar y así poder trabajar por su cuenta los días que no tuviera trabajo en la empresa de Zamorano. Tuvo que comprar una rueda de hilar, aunque eso era fácil, pues como estaban cerrando empresas se vendían baratas y cualquier reparación o incluso nuevas las hacía Perona, que era el carpintero de Zamorano; lo difícil fue comprar el esparto para lo que sacó un préstamo de 960 pesetas en el Banco de Murcia y su suegro le dejó la burra para acarrearlo hasta el Algar. Así comenzaron a hilar él y su íntimo amigo Juan Cano Guardiola, que era como su hermano, pues habían comenzado desde niños a trabajar con Zamorano. De esa forma no perdían el día y servían pedidos a Gabriel Ortiz Aroca y a Manolo Gómez Lucas, más conocido como Manolo Bermúdez, que había descubierto el mercado de las mejilloneras y vendía betas de esparto embreadas.

En la primera mitad de la década de los cincuenta, Antonio compró un rastrillo para que su padre y su hermano le ayudaran a rastrillar el esparto picado que compraba y vendían toda su producción, ya que hilaban con calidad. Por entonces, Andrés Ros Rosa, yerno de Antonio Zamorano, seguía gestionando la industria y Antonio se mudó a trabajar en las carreras de hilar, que tenía en el Camino de la Ermita. El 11 de junio de 1955 Zamorano cerró la empresa y su escribiente, Pepe Morcillo, recibió un pedido de 15.000 kilos de cordelería para hacer capachos en Andalucía y Antonio se hizo cargo, con lo que pudo dar trabajo a doce parejas de hiladores.

Andrés Ros le había propuesto que se quedara con la fábrica, pero Antonio no tenía dinero para pagarla. Además, pensaba que si los grandes empresarios cerraban era porque el esparto no tenía futuro, aunque tenía que seguir trabajando y en ese momento tenía pedidos. De hecho, tenía un nuevo cliente, José Martínez Real “Pepeolo”, al que había presentado una hilatura de calidad y le dijo que de aquello le compraría todo lo que produjera. Consistía en madejas de filete (2 hilos) de 30 metros, cosidas para hacer un rulo de dos paquetes, cada paquete tenía 40 madejas y el rulo 80 madejas, que se utilizaban para colgar plátanos en Canarias.

También, en vísperas del verano hacían muchos vencejos, que eran cuerdas de filete de un largo especial para atar las gavillas de la mies. En verano hacían filete y piola (4 hilos) en madejas de 30 metros para fabricar los capachos de extraer aceite. Pero del local de Zamorano se tuvo que ir con sus dos ruedas de hilar a un local que le dejó Diego Giménez “El Tallero”, donde estuvo un par de meses, hasta que se fue a una hondonada que había debajo de la Estación del Chicharra, donde utilizaba como almacén una chabola de unos seis metros cuadrados que le dejaron. El 7 de agosto de 1955 se casó a pesar de haberse quedado sin el trabajo que hacía como hilador para Zamorano y su primer hijo, Joaquín, nació al año siguiente.

De la Estación se fue a la calle Víctor Pradera, hoy José Planes, a un solar que tenía Francisco Camareta y de allí pasó enfrente en la misma calle, a un local que alquiló a la familia de Mercedes Villena, lindando con los Vidales, que tenían un almacén de trapos y fábrica de borras. Allí dio de alta su industria en 1958 con cinco o seis obreros fijos y muchos más eventuales, que venían a pedirle trabajo, incluidas cuatro mujeres peladoras que prácticamente las empleaba todo el año.

A partir de entonces se imponía la mecanización, por lo que compró cinco caballetes con cuatro cabezales de hilar cada uno, que permitían eliminar al “menaor” que movía la rueda. Pero todavía se mantenía el que corchaba y asistía a los hiladores en la carrera. El caballete, donde trabajaban dos hiladores, hacía la función de la rueda.

El esparto picado o rastrillado lo compraba a los hermanos Pérez Villa y a Juan González Bernal, aunque otras veces Jesús Santos Caballero le picaba el esparto que adquiría. Lo más difícil era reunir el dinero para los carros de esparto y pagar a los hiladores que trabajaban para él, por lo que a veces no podía llevar su sueldo de hilador a casa, que era de unas 200 pesetas a la semana. Aunque eso lo podía hacer porque su mujer Joaquina tenía una tienda donde vendía frutas y verduras que cultivaba su padre.

En 1963 recibió un pedido grande de los Astilleros de Gijón a través de Pepe Morcillo. Se trataba de dos grandes maromas de 54 pulgadas de grosor. Aquel trabajo necesitaba de una instalación muy potente para corcharlo y el encargado de Pedro Piñera le dijo que podría hacerlo en su corche, por lo que se pusieron a trabajar dos parejas de hiladores durante dos semanas. Pero allí no pudo ser. Solo quedaba el corche de la antigua Manufacturas Mecánicas de Esparto, que había cerrado ya, y tenía el motor desmontado. El encargado de Manufacturas, Antonio Segura, le permitió hacerlo, pero Olivares tuvo que instalar un motor de segunda mano que tenía en su taller. Aquello fue un espectáculo, pues todos los viejos maestros hiladores fueron a ver el trabajo. Al fin consiguieron fabricar las maromas con las que aparece Antonio en la fotografía.

Ese año de 1963 registraba su nombre comercial y poco a poco pudo comprar una máquina de rodillos para majar esparto y un terreno y almacén a Pedro Ordoñez, en el Camino de la Fuente, 1, lindando con Pedro Piñera. La idea de Antonio era mecanizar su empresa al máximo posible para ser competitivo y dar calidad al mejor precio. Por eso, siempre estuvo al día de los nuevos inventos que los constructores de maquinaria desarrollaban. Se inventaron máquinas de hilar sentado y nuevas máquinas de majar y rastrillar con las que se avanzaba trabajo y se aumentaba la seguridad.

El 17 de abril de 1968 traslada su fábrica al Camino de la Fuente y compra una nueva máquina laminadora de majar esparto, tipo Marset, de rodillo central y cuatro rodillos satélites con potencia de 10 HP. Por entonces, no le faltaban pedidos, ya que viajaba mucho y estaba en contacto directo con los clientes. Barcelona, Cádiz, Palma de Mallorca. Quizás su secreto era ese, una producción de calidad y una buena política de ventas. En Cádiz tenía dos clientes muy buenos que visitaba directamente: Cordelería Hércules y Astilleros de Cádiz. Vendía pedidos de cien betas y camiones enteros de bobinas.

En Manacor tenía un cliente muy amigo, Guillermo Obrador Morey, que lo hospedaba en las frecuentes visitas que le hacía. Otro cliente, Valentín Díaz Cabezas, le compraba mucha piola y filete. Entre los boliches era conocido como “La Blusa”, pues llevaba una blusa grande de donde sacaba fajos de billetes para pagar en efectivo cuando venía a Cieza.

En febrero de 1974 ampliaba su fábrica de majar esparto con una nueva laminadora, marca Marset, de rodillo central y seis rodillos satélites con 20 HP de potencia, como consta en el proyecto del ingeniero de montes Vicente Jordá Tormo. La idea de Antonio era montar un tren de hilado completo. Por aquellos años, instaló la máquina laminadora, dos bombos de rastrillar, una cardadora que sacaba la mecha de esparto, dos manuares que estiraban la fibra a partir de la mecha, una hiladora de doce husos y una dobladora que permitía corchar cuerda hasta de cuatro hilos. Había conseguido la mecanización total. El hilado mecánico. Aunque mantenía tres máquinas de hilar sentado, pues para determinados trabajos y clientes se seguía hilando manualmente.

El 17 de enero de 1980 Antonio se subió al tejado a reparar una gotera y cayó sobre la cardadora, fracturándose un fémur, con lo que estuvo casi sesenta días en el hospital y muchos más de rehabilitación, dejando la fábrica en manos de su encargado, Pedro Marín Valenzuela, su mano derecha durante 20 años. En 1981 se declaró un incendio en la fábrica ardiendo maquinaria y cubiertas, aunque Antonio pudo seguir trabajando y lo reparó todo, a pesar de la insuficiente indemnización que le aportó el seguro. Pero ya no se encontraba con fuerzas y en 1983 se asoció con los Hermanos Martínez, conocidos como “Cacharreros”, que se lo habían ofrecido. Ese año la empresa Antonio Guardiola Aroca se dio de baja y él quedó como jefe de ventas de los anteriores.

La demanda bajó mucho y se hacía muy difícil trabajar por lo que Antonio llegó a un acuerdo con sus socios para que se quedaran su maquinaria, la que tanto le había costado conseguir, y también los trabajadores fijos que tenía y se prejubiló a los 60 años de edad.

Para terminar, decir que Antonio Guardiola trabajó siempre el esparto y consiguió progresar en una etapa de crisis, durante la que proporcionó trabajo a muchos ciezanos y manufacturó productos de calidad como aparece en el membrete de sus facturas: hilados mecánicos de esparto, betas, filetes, piolas, estropajos FREGOLINA y espartos para escayola, que salieron de la materia prima de los montes de nuestra tierra.

Figura 1.- Antonio Guardiola Aroca en el servicio militar, 10-10-1949.

Figura 2.- Antonio Guardiola y sus obreros, finales de los años cincuenta.

Figura 3.- Antonio Guardiola y sus obreros celebrando el bautizo de su primer hijo, 1956.

Figura 4.- Antonio Guardiola con las betas que corcharon en Manufacturas, 1963.

Figura 5.- Membrete de la empresa Antonio Guardiola Aroca.

Artículo publicado por Pascual Santos López en El Mirador de la Prensa, el 27 de enero de 2023, pp. 6-7 y en Crónicas de Siyasa el 3 de febrero de 2023, pp. 10-11.

Félix Gómez Castaño, devoción y solidaridad de un empresario abaranero

Manuela Caballero González

En un artículo que forma parte de esta misma publicación, su autor, Pascual Santos, recoge la faceta profesional de Félix Gómez Castaño, pero su huella ha quedado plasmada en otros aspectos y en este escrito conoceremos algunos de ellos.

Nació en Abarán el 7 de junio de 1891, hijo de Cayetano Gómez Palazón y Joaquina Castaño Cobarro. En su permiso de conducir, que había obtenido en 1923, figura de profesión Propietario. Por el expediente que se conserva en el Archivo General de la Región de Murcia, sabemos que en 1954 solicitó que se le expidiera un duplicado por habérsele extraviado el original.                                    

Por las noticias recabadas en diferentes fuentes, podemos deducir que fue un hombre emprendedor, solidario y de arraigadas creencias, aspectos que se materializaron en forma de donaciones y apoyo, tanto a la hora de socorrer a damnificados como para contribuir al sostenimiento y arreglo de entidades religiosas.

Su relación con el Santuario de la Fuensanta

Hemos podido recuperar una carta dirigida a Félix Gómez Castaño en 1958 que aporta una interesante información, no sólo en relación al empresario, sino también en lo referente al propio Santuario. Todo parece indicar que sentía una especial devoción por la Morenica, como es conocida popularmente la virgen por los murcianos, siendo su santuario el lugar donde Félix contrajo matrimonio con Rosario Sánchez Villena en 1952.

En dicha carta, se muestran de primer mano diferentes aspectos del templo y entorno en un momento muy importante, ya que en 1958 estaba en pleno proceso de reconstrucción, lo que estaba convirtiendo “una sencilla ermita, como antes era, en un bellísimo Santuario, como es ya hoy [1958] y lo será más todavía cuando esté totalmente terminado”. Los datos aportados por la misiva dan muchos detalles que nos acercan a la realidad que se vivía y los artífices de dicha remodelación. En el documento consta que era un generoso donante de dicha institución al que recurrían para conseguir fondos para las obras. Como agradecimiento, el recuerdo eterno, ya que según consta en la misiva “Todos los sábados del año la Santa Misa que se celebre a perpetuidad ante el Altar de la Virgen de la Fuensanta será aplicada por los bienhechores vivos y muertos del Santuario. De este modo tendrá Vd. El consuelo de que su nombre y el de los suyos estará siempre presente en el altar de nuestra Patrona”.

En el contenido de la carta también queda reflejado que no sólo era afecto a dicho Santuario, sino que su amor por Murcia es uno de los rasgos que lo distingue, sin duda tendrían constancia de ello por su intervención en otros aspectos de la vida social y cultural de la región. Hemos encontrado una petición del Ayuntamiento de Águilas, en la cual solicitan su colaboración económica para que su nombre esté presente en los festejos que estaban organizando en ese año de 1958.

Contribución al Santo Cristo del Consuelo de Cieza

La relación entre Cieza y Abarán, siempre ha sido motivo de jocosos comentarios, un tira y afloja entre ambas ciudades, rivales en muchos aspectos (como buenos vecinos) pero con innumerables lazos que las unen tanto en lo laboral, como familiar, educación, ocio, en fin, historias compartidas e intereses comunes. Un ejemplo de colaboración nos lo da precisamente Félix Gómez Castaño, cuya devoción iba más allá de las advocaciones de su pueblo natal.

En 1956 se quería instalar un retablo para el Cristo del Consuelo en su ermita de Cieza. Con tal motivo se constituyó una comisión encargada de recoger los donativos para tal fin. Existe un curioso documento de agradecimiento por la “aportación de D. Félix Gómez Castaño que sumada al resto permitirá instalar el retablo que el Señor merece, para su gloria y orgullo de los ciezanos”. Pues eso, un abaranero que no duda en contribuir al “orgullo” de sus vecinos.

Devoción a la Pilarica

También hay noticias de sus aportaciones fuera de Murcia para santuarios tan importantes como el Pilar de Zaragoza. Existe una referencia a la donación de “un manto blanco de raso de seda bordado en oro” que Félix Gómez Castaño y Doña Rosario Sánchez de Abarán (Murcia) hacen a la Virgen del Pilar en 1952.

Solidaridad con Valencia tras la riada de 1957

Félix Gómez pertenecía a la Agrupación de Conserveros de la Provincia de Murcia y sus miembros no dudaron en socorrer a los damnificados en la terrible riada que tantos daños y pérdida de vidas causó en Valencia en 1957. La generosa contribución del empresario abaranero, así como la de los empleados de Félix Gómez Castaño S.L, queda patente en un listado donde aparecen los nombres y cantidades aportadas por cada uno de ellos en noviembre de 1957, un mes después de la catástrofe. Este documento que habla de solidaridad, también tiene gran importancia a nivel local, ya que recupera nombres y apellidos que muchas familias reconocerán como sus padres y abuelos. Por motivos de espacio no es posible reproducirla aquí, pero queda “en cartera” para una próxima publicación. Adelantar que la relación de donantes es de 75 y la cantidad recaudada fue de 3.522 pesetas.

Y por supuesto, Abarán

Si, como estamos comprobando, no era ajeno a las peticiones de otras localidades, su pueblo natal no iba a ser menos. Sin duda sería un lugar prioritario para él. A modo de ejemplo, tan sólo reseñar un aspecto de su vinculación con la Semana Santa abaranera. En 2018, con motivo de la presentación del cartel anunciador de la Semana Santa de ese año, cuyo motivo central es la imagen del Cristo de la Agonía, radioabaran.com publicó una noticia donde podemos leer que la hermandad se fundó “allá por 1949 a expensas de D. Félix Gómez Castaño” de la que fue primer Hermano Mayor. Él fue quien adquirió la escultura, conocida popularmente como Cristo del Silencio, obra de José Planes, estando al frente de la cofradía hasta su muerte en 1971.

Como podemos comprobar, los hechos narrados se ciñen a un periodo muy reducido de la vida de Félix Gómez Castaño, entre 1952 y 1958, años de los que ha sido posible rescatar algunos documentos. Esto nos da una idea de la información que se podría recuperar si tuviéramos la suerte de encontrar más documentos que nos hablaran, no sólo de la biografía de un personaje, sino también de historia y patrimonio que, como hemos constatado, trasciende el ámbito local. Si tenemos la suerte de hallarlos, seguiremos contándoselo en próximas ediciones.

Figura 1.- Foto de Félix Gómez Castaño en 1926. Archivo General de la Región de Murcia.

Figura 2. Carta remitida a Félix Gómez Castaño en 1958. Archivo Santos-Caballero.

Figura 3. Fotografía de Félix Gómez Castaño en 1954. Archivo General de la Región de Murcia.

Este artículo se publicó en la revista Abarán Feria y Fiestas 2022 por Manuela Caballero González.