Del esfuerzo del ahorro al desarrollo de la industria: Francisco Guirao Marín

Pascual Santos López

Tiempos difíciles recorrían la España de 1872. Hacía poco que se había producido la Revolución de 1868, pero el pueblo seguía sufriendo hambre y sed de buen gobierno. Muy pronto se produciría la abdicación del rey Amadeo de Saboya y la proclamación de la Primera República Española. Un joven soldado ciezano, Francisco Guirao era destinado con 17 años al Regimiento de Artillería nº 1 de Madrid y justo un año antes de acabar su servicio militar un nuevo golpe de estado proclamaba la Restauración borbónica. En 1875 volvía a su tierra y se empleaba como vigilante de los montes públicos de Cieza, según nos cuenta su bisnieto Javier Martínez Alcázar.

Francisco Guirao Marín nacía en Cieza el 19 de julio de 1855 “a las ocho de la noche”. Hijo de Francisco Guirao Morote y Juana Marín Marín. Nieto de José Guirao, Catalina Morote, Francisco Marín y Elvira Marín. El 20 de agosto de 1880 se casaba con Manuela Ortega Moya y tendrían nueve hijos: Gertrudis, José María, Amparo, Pacífico, Alfredo, Francisco, Pilar, Salvador y Aurelio.

Francisco Guirao era conocido en Cieza como “Morote” y tras dos años de trabajar como guarda de montes es ascendido a jefe del Servicio de Vigilancia de los Montes Públicos, cargo que ejercería a lo largo de diez años haciendo amistad con otro guarda del mismo servicio, Mariano Martínez Montiel, también conocido como “Martinejo”. Los dos amigos eran jóvenes ambiciosos y decidieron que si lograban ahorrar 1.000 pesetas podrían iniciar algún negocio, como así sucedió. En 1885 Francisco y Mariano dejaban su trabajo y montaban cada uno un horno de pan.

La demanda de esparto para la fabricación de lazos aplicado al amarre de cajas de naranjas y para la industria papelera británica inició el auge de esta fibra. Con trabajo, esfuerzo y ahorro Francisco Guirao consigue instalar un almacén de esparto hacia 1890 en una casa adquirida en el Camino de Madrid, mientras mantenía su otro negocio, que en 1894 convertiría en una floreciente abacería en el número 35 de la calle Cánovas del Castillo, con la ayuda de su familia. En enero de 1902 aparecía ya en el número 25 del censo de mayores contribuyentes de Cieza, con una contribución de 430 pesetas, siendo el primero Antonio Marín Oliver con 2.960 pesetas y el último Joaquín Zamorano Rodríguez con 96 pesetas. Según su bisnieto, estar en esa lista no era cuestión baladí, pues la Ley de 8 de febrero de 1877 les permitía elegir, junto a los concejales, a los compromisarios para las elecciones al Senado. El 8 de noviembre de 1903 participaba en la política municipal, presentándose por el partido conservador al Concejo; tomando posesión del cargo en la sesión del 1 de enero de 1904 junto a otros concejales y como alcalde Diego Martínez Pareja. Francisco trabajó en la Comisión de Obras Públicas y Montes, presidida por el alcalde y con su gestión se mejoraron el control de las subastas de esparto en los montes públicos y el camino vecinal entre Cieza y Calasparra.

En esos años Francisco seguiría acrecentando sus negocios de abacería y almacén de espartos y viviendo en la calle Cánovas, ya que lo encontramos entre 1907 y 1918 contribuyendo por la abacería en Cánovas, 35 y en 1917 comienza ya con un torno de hilar esparto también en Cánovas, 35, pero en 1919 se muda a su casa del Paseo Marín Barnuevo, donde contribuye con una fábrica de jarcias y cables de esparto movida a mano, una fábrica de marañas de esparto y un torno. Justo en ese año de 1919 ya no aparece la abacería, puede que sus negocios de esparto le exigieran toda su atención. Además, sus hijos mayores ya le ayudaban: Gertrudis probablemente estaría en la abacería de su padre y José María Guirao Ortega aparece desde 1912 con otra abacería situada en la calle Padre Morote, 1, hoy calle Altozano. Abacería que mantendría hasta 1924. Su otro hijo Pacífico Guirao cotizaba en 1916 por venta de cordeles y sogas de esparto en Cánovas, 35.

En 1924 se producía el gran despegue de las empresas Guirao. Francisco Guirao instalaba una fábrica de conservas en Cieza y otra en Archena y una prensa mecánica para envases de hojalata en Cañada de la Horta para dar servicio a sus fábricas. También solicitaba ese mismo año una marca para distinguir conservas de frutas y vegetales, denominada “La campana” y justo al año siguiente sigue viviendo en el Paseo, pero la fábrica de jarcias, sogas y marañas de esparto y un torno movido a mano las pasa a la calle Cordovín, adquiriendo cuatro tornos más en 1926. En 1925 instalaba diez pares de mazos de picar esparto en Cañada de la Horta, que al año siguiente se convierten en catorce. Entre los años de 1923 y 1926 también cotiza por un pequeño camión para mudanzas de 2 HP domiciliado en el Paseo.

En 1928 Francisco Guirao tenía la mirada puesta en la exportación, por ello solicitaba su otra marca para conservas “Liberty” con la Estatua de la Libertad sobre un triángulo e inscrita en un círculo de sogas de esparto, con su nombre y la denominación de marca registrada en francés, preparada para el mercado internacional. Marca que modificaría al año siguiente por la definitiva y ya conocida “Guirao”, que le concedieron el 24 de mayo de 1929. Durante estos años las empresas Guirao conseguirían afianzarse en calidad y prestigio, llegando a ser una de las primeras firmas ciezanas.

Los acontecimientos revolucionarios en la España de 1934, en pleno segundo bienio de la Segunda República Española, también afectaron a las empresas ciezanas. Numerosas huelgas y atentados se produjeron en esa época. Aunque no se sospechó que fuera intencionado, el 26 de marzo de 1934 se iniciaba un imponente incendio en la fábrica de espartería de Francisco Guirao frente a la estación férrea, ardiendo dos naves con manufacturas de esparto y madera para la fabricación de cajas de conserva. “El pueblo entero acudió a ayudar a la extinción del incendio”, presentándose las autoridades y una sección con 17 bomberos de Murcia, que llegaron a la una de la madrugada y consiguieron extinguir las llamas por la mañana. El edificio y la mercancía estaban asegurados a todo riesgo y se calcularon las pérdidas en unas doscientas cincuenta mil pesetas.

También en plena Revolución de octubre, en la madrugada del 12 de octubre de 1934 explosionó una bomba de gran potencia en la casa del paseo de Francisco Guirao, produciendo desperfectos de consideración y rompiendo los cristales de la casa, con el consiguiente susto a la familia y vecinos. También se pegaron en puntos visibles del pueblo pasquines escritos a máquina incitando a la rebelión, siendo arrancadas por los guardias y haciéndose venir a Cieza una batería del sexto ligero de Artillería de la guarnición de Murcia, para contribuir al sostenimiento del orden.

Como sabemos, en 1936 llegaría la Guerra Civil, aunque Francisco Guirao Marín no la vería, pues moría de un colapso cardiaco el 1 de octubre de 1935 a los 81 años de edad. A su muerte, su esposa e hijos registraron su fallecimiento en el registro de empresarios el 4 de diciembre de 1935 y declararon continuar con las operaciones mercantiles de su padre, manteniendo su nombre comercial y conviniendo que su firma sería llevada indistintamente por sus hijos varones José María, Pacífico, Francisco, Salvador y Aurelio. Al año siguiente y declarando comenzar sus actividades el 1 de abril de 1936, la empresa pasaba a denominarse “Sucesor de Francisco Guirao Marín”, cuando su hijo José María se registraba como empresario individual. En aquel momento la empresa contaba con fábricas de conservas movidas por fuerza mecánica en Cieza y Archena, dos juegos de prensas de envases para la conserva, fábrica de espartos en Cieza con 24 pares de mazos de picar, 16 ruedas de hilar, un torno de retorcido mecánico y venta al por mayor de artículos de esparto. En mayo del mismo año se renovaba también la concesión de admisión temporal de hojalata en blanco sin obrar a nombre de la nueva entidad mercantil. En el censo industrial de Cieza de 1939 la empresa aparece como la primera en capacidad de empleo con 416 trabajadores en plantilla. Al año siguiente la empresa cambiaría su denominación a “Guirao Hermanos y Compañía”, comenzando una nueva etapa en la historia de esta empresa familiar, pero esa será contada en otra ocasión.

Figura 1.- Retrato de Francisco Guirao realizado por su hijo Salvador Guirao. Archivo de Javier Martínez Alcázar

Figura 2.- Anuncio de Francisco Guirao Marín en 1922. Archivo Municipal de Murcia

Figura 3.- Marca La Campana. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas

Figura 4.- Marca Liberty. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas

Figura 5.- Marca Guirao. Archivo Histórico de la Oficina Española de Patentes y Marcas

Artículo publicado por Pascual Santos López en Crónicas de Siyasa, 23-4-2021, pp. 4-5.

Viuda de J. Dato. Manteniendo un negocio de hilados y especias en Cieza

Manuela Caballero González

Son muchos los negocios que continuaron a la muerte de su titular con la razón Viuda de, siendo las nuevas propietarias quienes en algunos casos se pusieran al frente del mismo, y en otros a pesar de ser titulares delegarían por medio de poderes en descendientes o apoderados no llegando a trabajar directamente. En cualquier caso son más de las que se cree las que tomaron las riendas de empresas en las que habían estado colaborando a la sombra de su marido. Y todavía se desconocen los nombres de muchas, ya que figuraban en registros y documentos oficiales en la mayoría de los casos bajo la denominación Viuda de. Son por tanto emprendedoras anónimas a las que a veces es difícil darles un nombre, labor que por otra parte es un desafío interesante y que, aunque laboriosa y no siempre fructífera, se hace necesario para completar la historia económica y social de nuestras ciudades. Desgraciadamente en la fecha que escribo este artículo no he conseguido conocer el nombre completo de nuestra protagonista.

Al no haber encontrado más datos sobre su esposo, ya que no consta en los registros disponibles ninguna empresa a nombre de J. Dato, sólo podemos ceñirnos a la primera noticia que tenemos y que la sitúa en Cieza en 1933. Ese año la encontramos establecida ya como Viuda de J. Dato no especificando ni su domicilio ni el lugar de la fábrica. Sería interesante que tras esta publicación alguien pueda arrojar más luz, haciéndonos llegar información que permita completar la historia de este negocio, siendo este uno de los objetivos principales de los trabajos de divulgación sobre la historia empresarial ciezana que estamos llevando a cabo.

Entre 1933 y 1935 mantiene tan sólo dos ruedas de hilo sencillo de esparto movidas a mano y no posee ningún torno, lo mismo que figura en la relación de 1936 a 1938, aunque en ella sí que hay más información ya que aparece domiciliada en la calle Buitragos y la fábrica ubicada en Camino de la Fuente. En 1941 cambia de domicilio a la calle Albaicín, aunque se mantiene el de la fábrica, así como el número de ruedas. En 1942 no sólo se dedicaba a los trabajos del esparto, buscando como tantos otros, obtener ingresos extras. Así la encontramos ese año cotizando como Especuladora de frutos, catalogados así: “Especuladores que sin ser comerciantes de profesión compran y venden cualesquiera frutos de la tierra”. Señalar que también estaban dados de alta como tales grandes empresarios del esparto, como por ejemplo José García Silvestre.

Además, la firma Viuda de J. Dato, solicita su propia marca para “distinguir azafranes, condimentos, pimentón y en general toda clase de especias”. Se trata de la marca Pegaso, quedando registrada el 16 de marzo de 1942. No es muy habitual encontrar una marca ciezana para especias, aunque como es bien sabido a nivel regional son muchísimas las que se registran, sobre todo las dedicadas a la comercialización del pimentón, producto estrella que llegaría a ser verdadera seña de identidad de las tierras murcianas en todo el mundo.

El negocio debía ir bien, ya que también ese año declara un aumento en las ruedas de hilar movidas a mano, que han pasado de 2 a 8 unidades, especificando que no tiene ningún torno de retorcido mecánico, y sitúa domicilio y fábrica en el Camino de la Fuente, aunque todavía lo cambiaría en 1944 a la Avenida del Caudillo, actual Camino Murcia. Conservamos una factura de ese año de la que se puede extraer información interesante, como por ejemplo que la fábrica se especializó en sogas o ramales, y que tenían clientes en diversos puntos de la geografía nacional. En este caso se detalla el pedido que se sirvió a Adrián Sánchez Rol de Conquista de la Sierra, Cáceres, que consistió en ramales cocidos, fardos con 8 decenas de diez varas y paquetes de filetes cocidos por valor de 462,25 pesetas. Por esta razón siempre hacemos un llamamiento a no despreciar estos documentos como fuente de información instando a su conservación, ya que los datos que contienen aportan muchas pistas.

La empresa siguió su actividad y en 1946 aparece en un suplemento especial que el periódico Línea dedica a Cieza con motivo de sus fiestas patronales. Entre los muchos anuncios publicitarios de negocios de la ciudad, sobre todo los dedicados al esparto, aparece el de la Viuda de J. Dato.

La siguiente noticia que encontramos en prensa está relacionada con la celebración de la I Feria Provincial de Muestras y Exportadores que se celebró en Murcia en 1952, donde participaron numerosas firmas de nuestra localidad en diversas modalidades, pero donde hay mayor representación es en los stands 68 y 70 dedicados a “Conservas vegetales, esparto en rama y manufacturado, fumistería y ornamentos de iglesia”, especificando que los expositores pertenecen a los Ayuntamientos de Cieza, Jumilla y Moratalla, aunque la representación de las dos últimas localidades es mínima en comparación con la ciezana. Entre la gran cantidad de empresas de nuestra localidad que vienen reflejadas en el listado encontramos tan sólo dos relacionadas con mujeres, la de Viuda de J. Dato y la Viuda de Juan Marín Bernal.

Curiosamente el evento ha quedado registrado gracias a los documentales del NODO y podemos visitar la feria tal como la vieron nuestros empresarios hace ya casi 70 años. El reportaje puede verse en  http://www.rtve.es/filmoteca/no-do/not-489/1469685/

Uno de los stands que recoge la filmación está dedicado precisamente a las especias, pudiendo apreciarse numerosas latas con sus marcas. ¿Pudo estar entre ellas una que pusiera Azafran Pegaso envasado en Cieza? Quién sabe.

Esta información constituye la última noticia que he podido recabar de la trayectoria de esta empresa de hilado manual. Puede que, como hemos comentado, al darle visibilidad con los pocos datos de que disponemos, encontremos otros que puedan incluso poner nombre propio a quienes de una manera u otra fueron piezas claves para continuar un negocio familiar, aunque fuese tras una denominación casi anónima, como Viuda de.

Publicado por Manuela Caballero González en CiezaenlaRed, 20-4-2021.

Soldado de cien luchas, juez de mil discordias: José María González Díaz

Manuela Caballero González

Hay una calle en Cieza que lleva este nombre y la mayoría de ciudadanos no sabría decir quien fue el personaje que mereció formar parte del callejero de la localidad. Hemos dado una pista, fue juez, y la frase del título es de un reportero que le hizo una entrevista en 1973 cuando vivía retirado en Madrid. Pero su vida estuvo muy vinculada a su ciudad natal.

Nació en Cieza el 22 de diciembre de 1896 “a las ocho y tres cuartos de la noche” siendo bautizado en la Parroquia de la Asunción el 26 del mismo mes, imponiéndole los nombres de José María del Carmen Antonio Domingo. Hijo de José María González Marín, natural de Cieza, constando en el registro que era propietario y de María de la Concepción Díaz Gómez, nacida en Peñas de San Pedro.

No son muchos los datos encontrados sobre sus primeros años, pero sabemos que asistió al colegio privado “San José”. Este centro ciezano estaba incorporado al Instituto General Técnico de Murcia, hoy Alfonso X el Sabio, por lo que sus alumnos estudiaban en la localidad, pero iban a examinarse a Murcia. En él lo encontramos matriculado en el curso 1909-1910 con 13 años de edad y gracias a que la prensa se hacía eco de los resultados de las pruebas de los estudiantes, sabemos incluso sus calificaciones y quienes fueron sus compañeros, descubriendo nombres de personajes que posteriormente llegarían a destacar en la vida política y social de la localidad, incluso compartir profesión con José María, como es el caso de Diego Giménez Castellanos y Félix Templado Martínez, los tres se decantarían por la carrera de leyes.

Abogado, Juez y Magistrado. De Murcia a Madrid

Estudió en la recién creada Universidad de Murcia (1915), cuando la mayoría de estudiantes optaban por hacer la carrera en Madrid. Fue discípulo de Andrés Baquero, profesor del Instituto Provincial y primer Comisario Regio de la Universidad. José María figura entre los alumnos que hicieron donaciones a la muerte del insigne  “Maestro Baquero, para su funeral y lápida para perpetuar su nombre”.

En su juventud fue afín a la figura de Juan de la Cierva, encontrándolo entre el nutrido grupo de ciezanos que en 1918 se desplaza a Murcia para “significarle su afecto e incondicional adhesión” con el alcalde José María de Arce a la cabeza.

Ese año ya tiene la licenciatura y en febrero de 1921 aprobó las oposiciones para ingresar en el Cuerpo de Abogados del Estado a la que se presentaron 208 candidatos, figurando  en la lista de Aspirantes a la Judicatura y al Ministerio Fiscal por su calificación con el nº 34 entre los 100 que superaron la prueba. En 1922, con tan sólo 26 años es miembro de la Asociación Mutuo-Benéfica de la Administración de Justicia y ejerce como Juez de primera instancia en Chinchilla. Al año siguiente de obtener esta plaza se casa en Cieza con Juana María de la Piedad Templado Martínez, natural de Cieza,  hija del médico abaranero Félix Templado Sánchez y de la ciezana  María Dolores Martínez Marín. La boda se celebró en la Asunción el 16 de julio de 1923, instalándose el nuevo matrimonio en Chinchilla. En 1924 fue trasladado al Juzgado de Yecla y ese año nació su primer hijo. Se sucederían diferentes traslados que le llevaron a ejercer en Fraga (1928), Mula entre 1931-32 y en Cartagena de 1933 a 1936.

Pero tanto él como sus hijos visitarían con mucha frecuencia Cieza donde mantienen fuertes vínculos familiares, fincas donde veranean y apego a las tradiciones del pueblo y como no podía ser menos al Cristo del Consuelo. Prueba de ello es que contribuye a la suscripción de “todos los ciezanos entusiastas de la bendita imagen” para arreglar la Ermita y alrededores y dotar al camino que lleva a ella de luz eléctrica en 1933. Ese año goza ya de una gran reputación como Juez y toma posesión de un nuevo cargo esta vez en Cartagena. En 1934 la familia sufrió una gran pérdida, tenían entonces cuatro hijos, dos niñas y dos niños, falleciendo uno de ellos tras una enfermedad, le llamaban cariñosamente Feligín, según su esquela fue enterrado en Cieza.

Seguía ejerciendo en Cartagena donde llegó a ser presidente de la agrupación de Jurados Mixtos en 1935, manifestando en su toma de posesión que lo aceptaba por no ser un cargo político. Pero no sería su destino definitivo. Concretamente en 1936 fue promovido a Magistrado de entrada con un sueldo de 16.500 pesetas siendo destinado a la Audiencia de Oviedo. El diario La Verdad dedica una extensa noticia donde dicen sentirse muy satisfechos por él, pero apenados por perder a una persona muy apreciada no sólo entre los elementos judiciales, sino entre todas las clases sociales, ya que ha destacado por su rectitud y trato humano lo que ha despertado la estimación y respeto de todos los ciudadanos que han tenido que tratar con él. Muchos años después, estando ya jubilado revelaría que en ese ascenso de Juez de término a Magistrado de entrada y su traslado a Oviedo también intervinieron intereses políticos que a punto estuvieron de perjudicar su carrera.

Para hacernos una idea de lo que suponía este ascenso diremos que la Carrera Judicial forma un cuerpo único con las siguientes categorías de menor a mayor: Juez, Magistrado y Magistrado del Tribunal Supremo. La diferencia esencial es que los jueces exclusivamente pueden ejercer en un juzgado, mientras los magistrados además tienen esa competencia en los llamados órganos judiciales colegiados (tribunales y audiencias). El recorrió todos los escalafones.

Salió de Cartagena en junio de 1936 a su nuevo destino, pero por poco tiempo, en 1937 ejerció en Granada y un año después en Sevilla. Finalmente, el Ministro de Justicia en 1939 le otorga una plaza en Valencia donde llegaría a ser Magistrado de su Audiencia Territorial diez años después. Allí continuaría hasta que el 22 de octubre de 1954 obtiene la plaza de Presidente de la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Madrid. Pero no fue ese su puesto definitivo, ya que dos años más tarde fue nombrado Magistrado del Tribunal Supremo permaneciendo en el mismo hasta su jubilación.

El fuerte vínculo con Cieza

A pesar de los continuos cambios de domicilio que le deparó su profesión, la familia no se desconecta de Cieza, al contrario, son muchos los vínculos que surgen, y los podemos encontrar en momentos importantes de amigos y en los suyos propios. En julio de 1954 la familia se encuentra en Cieza por un agradable acontecimiento, la boda de uno de sus hijos, José María González Templado quien contrae matrimonio en San Joaquín con Marilena (Magdalena) Castex Anaya, hija de un importante industrial de la localidad, Francisco Castex Navarro. Por esta noticia sabemos que el joven José María ha seguido los pasos de su padre y ya es Juez de Primera Instancia en Caravaca, mientras que nuestro protagonista es Juez de la Audiencia de Valencia. Eso contribuiría a que sus conciudadanos siguieran muy de cerca su trayectoria y estuvieran al tanto de sus logros, acompañándolo también en momentos difíciles, como fue el fallecimiento de su esposa en febrero de 1958. Diez años después contrajo matrimonio en Madrid con María Josefa Muñoz Nieto.

Un entusiasta embajador de Murcia

No es de extrañar por todo lo que estamos viendo que se eligiera a este ciezano para dar nombre a una de las calles de la localidad. Y no sólo por sus logros o títulos profesionales, sino por su actitud por llevar el nombre y las costumbres de su tierra allí donde le llevó su trabajo. Fue uno de los fundadores de la Casa de Murcia en Madrid en 1957, siendo el vicepresidente de la primera junta directiva y seguiría en el cargo hasta 1976. Contaba con 500 socios y estaba ubicada en la calle Hileras, muy cerca de la Puerta del Sol. Una de las actividades que promovió dicha Casa fue la suscripción para hacer un monumento a La Cierva Codorniu en 1965 a la que nuestro Juez contribuyó con 200 pesetas, o la creación en 1967 de la revista “Murcia” donde también escribía junto con un gran número de ciezanos y cuyo fin era “constituir un magnífico exponente de los valores de esta tierra”. Y no fue la única en la que participó ya que también fue vocal de la junta directiva de la Casa de Murcia en Valencia en 1963, como vemos fue un auténtico embajador de su tierra allí donde iba, y seguro que no faltarían las referencias a su querida Cieza.

Hemos encontrado muchas huellas de este personaje cuyo nombre ostenta una de las calles de nuestra ciudad, gracias a archivos y hemerotecas. En uno de esos documentos hasta tenemos la suerte de contar con sus propias palabras para acercarnos a su figura. Destaca que la característica principal de un Juez ha de ser “sin lugar a dudas ser totalmente independiente” que nunca le interesó la política “aunque tengo mis ideas y sentimientos” pero que no aceptó ningún cargo político porque “enfoqué mi carrera a servir a España, al Orden y la Justicia y mi sinceridad me valió más de un disgusto”. Vivió pérdidas familiares, entre ellas la dolorosa muerte de su hijo José María González Templado, Magistrado como él que falleció muy joven durante la vista de una causa.

Cuenta como anécdota que era “metrista”, renunció a su coche oficial porque le gustaba más ir en Metro, en el que se movía por Madrid muchas veces acompañado por otro Magistrado, José Castán. En 1973 fecha de la entrevista que le hizo el Diario Línea se enorgullecía de estar tan en forma a los 76 años. Lo cierto es que, a este Magistrado del Tribunal Supremo jubilado y Presidente Honorario del mismo por designación de sus compañeros, todavía le quedaban muchos años por vivir. Falleció en Madrid el 7 de enero de 1993 a los 96 años.

Artículo publicado por Manuela Caballero González en Crónicas de Siyasa el 9-4-2021, pp.4-5.